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Sábado
10 de Marzo de 2007
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Mensaje
El arrepentimiento
José R. Ramírez

El evangelio de San Lucas en este tercer domingo de cuaresma tiene dos temas en dos parábolas independientes y separadas.
En el primer tema es la respuesta de Cristo a quienes han llegado hasta él para contarle que Pilatos mandó matar a unos galileos mientras estos ofrecían sus sacrificios.
La respuesta del Señor fue exhortarlos al arrepentimiento, no fueran a perecer en forma semejante.
El segundo tema tiene el sentido del aprovechamiento del tiempo y de las gracias mientras es oportuno y con magistral forma lo presenta con una parábola sencilla y clara: Durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado, dice el dueño del viñedo.
Si lo característico de la ley de Cristo es vivir el amor y el amor se manifiesta en servicio, no se puede llamar discípulo del Señor quien no hace fructífera su vida.
Quienes se glorían de ser buenos cristianos y dicen: No he matado ni robado, entonces, soy bueno, soy perfecto, son higueras estériles, árboles malos.
Siempre el verdadero creyente al miar hacia lo íntimo de su ser, al examinar su conciencia, reconoce sus pecados y pide perdón, porque ha pecado de pensamiento, de palabra, de obra y omisión.
Los pecados de omisión son todas las gracias no aprovechadas, todo el tiempo y oportunidades que llegaron y no volverán.
El hombre debe arrepentirse no sólo del mal que hizo, sino del bien que dejó de hacer.

Conversión

Andaba el hombre extraviado y encontró el camino. Esta fue para él la más bella experiencia. Es como la lluvia largamente esperada que se deja caer sobre los campos abrasados después de largo verano, da frescura, da vida que pronto se manifestará en flores y frutos.
La conversión es interior, mejor dicho, íntima, desde adentro del mismo corazón.
La verdadera conversión es volver el corazón a Dios; es dejar cuanto impida ir tras el Señor porque la conversión es un llamado a seguir tras él., Leví el publicano dejó su oficio de cobrador de impuestos y en adelante fue discípulo y testigo de Cristo.
María Magdalena dejó su turbulento pasado de falsos amores, para sólo vivir el verdadero amor y mereció que mucho se le perdonara.
La Iglesia enseña siempre que la conversión no es rasgar las vestiduras, sino rasgar el corazón.
El faro para llegar a puerto siempre ha de ser la fe, mas la fe se ha de unir a las obras y éstas serán inspiradas por el amor, el verdadero amor a Dios y al prójimo y en este amor se cifra la auténtica conversión.
El compromiso

Para muchos, la religión es algo que se resume en unos cuantos actos concretos, las prácticas religiosas, pero que nada tienen qué ver con las realidades temporales, la familia, el trabajo, la sociedad, la patria, la política, la justicia social, la veracidad de la persona.
A la persona la absorben las preocupaciones temporales y si ya tiene el pan busca el circo en este mundo de espectáculos y pantallas.
El verdadero encuentro con Dios es menos buscado y sentido y sin sentirlo algunas de sus prácticas religiosas han caído en el fariseísmo de sólo lo exterior.
Otra de las causas básicas de esta situación es la ignorancia de la doctrina. De allí el desinterés por lo que no se conoce. Los medios masivos de comunicación les brindan abundancia de otros conocimientos buenos unos y mucha basura, pero de fácil adquisición, mas la palabra de Dios no puede llegar con tal abundancia y atracción.
La relación con Dios se establece a nivel personal del interior de cada uno y Dios actúa invisible con su gracia para la salvación de cada uno y de todos.

Un año más

Apresurados, insatisfechos, a veces angustiados y sin rumbo trotan muchos hombres de este siglo XXI de marcados contrastes y de sombras, de ambiciones y de violencia.
"Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico y, sin embargo, gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir.
Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad y, entre tanto, surgen nuevas formas de esclavitud", dice el Concilio Vaticano II.
Dios es paz y siempre espera. Espera para perdonar. En el código de Dios no está la palabra castigo. Cuando alguno se pierde es el mismo el que cerró sus oídos a las voces que le gritaban que estaba en peligro. Se empecinó en sus caprichos, en sus pasiones y a nadie puede culpar de su caída. No fue Dios quien lo castigó. Dios llama y presta ayuda porque no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

El arrepentimiento

El arrepentimiento es detenerse a tiempo antes de caer al precipicio. Es una disposición humana de repulsa moral y religiosa concedida por una gracia de Dios.
En esa disposición, el hombre adopta una actitud humilde de contrición y aceptación total de la voluntad divina.
Tiene conciencia íntima de que ha cometido pecado. Se avergüenza del mal que ha hecho y busca cómo apartarse de ese ambiente para no volver a caer.

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