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Tonalá de Hoy Radio
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10 de Marzo de 2007
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Relatos del Profe Chema
Costumbres que van pasando al olvido
José María García Galván

Todo lo que yo escribo para el Periódico Tonalá de Hoy, lo relaciono con mi vida; por ejemplo, cuando era niño, nuestros padres pensaban en lo bueno y eso trataban de inculcarnos.
Esto vino a mi memoria al enterarme de que el Sábado 3 de Febrero del año 2007, fue el día de San Blas y no vi nada que me recordara que antaño para esa fecha, las madres o la hija mayor de cada familia andaban preocupadas por hacerse de algunos centavos para comprar estambre de colores: Verde, rojo, amarillo, anaranjado, azul marino (colores vistosos) y con ese estambre tejían o trenzaban bonitos cordones que por la tarde de ese día llevaban a bendecir a la parroquia de Santiago Apóstol y llegando a la casa con los cordones benditos los colocaban en el cuello de cada uno de los miembros de la familia.
Nos bañáramos o no, el cordón debía permanecer en el cuello.
Después de unos días, ya no se sabía de qué color era el cordón, pero todavía lo traíamos y lo respetábamos por estar bendito.
Yo creía que en estos tiempos todavía se usaría el Cordón de San Blas y que tal vez mis familiares y yo no lo usaríamos por simple descuido; pero investigué con varias personas y ninguna me supo decir nada al respecto.
Inclusive, alguien me preguntó en qué parte del cuerpo llevábamos colgado el cordón, si iba en la cintura o en el cuello, quiere decir que hace mucho tiempo que no se usa el Cordón de San Blas y por eso los tonaltecas de hoy ni siquiera saben de qué se trata.
Los tiempos pasan y las cosas también, poco a poco se van arrumbando en el olvido.
Teresa Suárez Arana me supo decir que el Cordón de San Blas se bendecía el 3 de Febrero, Día de San Blas, porque San Blas fue el protector contra las enfermedades de la garganta.
Esto se los paso al costo.

La bendición de animales

Algo que también estamos echando al olvido es la bendición de los animales.
Me acuerdo que cada año, el día 17 de Enero (Día de San Antonio Abad) era el día en que todas las personas que tenían animales domésticos: Vacas, burros, caballos, chivas, borregos. Los llevaban a bendecir, cuando menos uno por género, para que todos estuvieran benditos. Las mujeres gustaban de llevar cuando menos una gallina, un gatito, un perrito con un listón rojo en el cuello que terminaba con un cascabel y a la hora de la bendición buscaban acercarse al sacerdote para que a su mascota le cayera agua bendita.
Nunca faltaban los muchachos vagos como Hipólito Pulido (El Gordo), Baudelio Suárez (El Soldado), Chon Sezate (El Marrasquín) y otros que trepados en un burro en pelo, es decir, sin silla de montar, llegaran al lugar de la bendición haciendo desorden propiciando que, cuando algunas mujeres disgustadas regresaran a sus casas prometiendo no volver a este tipo de eventos.
Se creía que todos los animales deberían estar benditos para estar protegidos contra el enemigo: El coyote, el zorrillo, el tlacuache o el coyote de dos patas y cabeza con sombrero que es el hombre.
La bendición de animales se ha ido olvidando de tal manera que a cinco o seis personas que les pregunté, no supieron decirme nada al respecto. Andamos mal. Pero nos resignaremos a olvidar lo que era bueno para nuestros padres.

Miércoles de Ceniza

Por fortuna, el Miércoles de Ceniza no se nos está olvidando. A este respecto, voy a platicar, aprovechando el espacio que me deja el Periódico Tonalá de Hoy, lo que me tocó ver en este caso.
Cada año, el Miércoles de Ceniza, la gente católica de Tonalá, con tiempo, se preparaba para ir por la mañana o por la tarde a la iglesia a tomar ceniza.
Era curioso ver cómo las mujeres unos días antes se preocupaban por tener listos su mejor vestidito, los zapatos boleados, el rebozo fino o corriente o a veces una chalina, el colorete y el polvo crema facial para ir al templo muy catrinas.
Me tocó ver a muchas mujeres que por no tener crema se ponían en la cara, las piernas y los brazos manteca de cerdo para que el rostro se les viera limpio y para que la cruz de ceniza que les ponía el sacerdote les durara varios días, porque se creía que era signo de mayor devoción conservar por muchos días la ceniza en la frente.
Del tiempo en que les estoy hablando había pocos sacerdotes. Por ejemplo, en Zalatitán estaba el Padre Chema. También había sacerdotes en Puente Grande, Coyula y, por supuesto en Tonalá. Me acuerdo del señor cura Trinidad Mora, por cierto de Cuquío.
En aquel entonces, por haber pocos sacerdotes, la gente de los ranchos venía a Tonalá a tomar ceniza. Las mujeres calzaban huaraches y los zapatos tipo botín los traían en una bolsa de ixtle y al llegar a la primera casa de Tonalá, con un trapo se limpiaban las piernas y los pies y se ponían los zapatos. Así, entraban a la población bien vestidas y mejor calzadas.
Cuento todo lo anterior para que cuando menos quede constancia porque cada día nuestras costumbres de antes se van olvidando.

 

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