Las gentes de los primeros años del siglo pasado nos contaban muchas historias de la Reina Cihualpilli. En la escuela las maestras tenían una clase en la que nos contaban lo que a ellas también les contaron sus maestros.
Uno de los temas era el lugar donde estaban los baños o el balneario de la Reina Cihualpilli. Yo recuerdo que doña Felícitas Cervantes Campechano y mi mamá Lorenza Torres nos hablaban mucho de la Cihualpilli y sus vasallos. Por la noche hacíamos rueda para que nos platicaran las leyendas del Cerrito de la Reina. Nos decían que en la parte norte, cerca de unas barranquitas, había un charco grande, una especie de presa u ojo de agua cristalina y fresca donde se bañaba la Reina Cihualpilli. Como decían que el cerro estaba encantado, a nosotros nos daba miedo meternos a ese charco no fuera que nos pasara algo.
Estos lugares, como los ojos de agua y los charcos que había al poniente y el norte del cerro se están pediendo debido a los fraccionamientos y construcciones que hacen los dueños.
Yo me pregunto por qué en otros municipios, los terrenos arqueológicos y sus alrededores son protegidos por los ayuntamientos y en Tonalá se deja que construyan casas sobre los mismos lugares donde había restos prehispánicos.
Con el parque construido al lado poniente y con la protección de la Piedra Encantada algo se está recuperando.
Muchos tonaltecas esperamos que se ponga mayor atención al rescate, protección y difusión de lugares históricos como donde está la Piedra del Sol, la Piedra de la Campana y los alrededores del Cerro de la Reina. |