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Sábado, 31 de julio de 2010
 
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A propósito del 1 de Mayo

No cabe duda, estamos viviendo tiempos de superficialidad. La gran mayoría de la opinión pública consume sin preguntarse lo que la televisión y los medios electrónicos en general le quieren dar. Pocos se toman la molestia de reflexionar sobre los hechos que difunden los medios de comunicación, razón por la cual las mentiras se hacen verdades, las medias verdades se hacen mentiras completas y la distorsión es el pan de cada día en las fechas que deberían ser historia a prueba de cuestionamientos.
Por ejemplo, el primero de Mayo, es fecha que debería ser conmemorada con actos luctuosos, como sucedió hasta mediados del siglo XX en nuestro medio y se ha convertido en "fiesta de los trabajadores".
Nada más contradictorio que decir que el Primero de Mayo es la fiesta de los obreros, porque su nacimiento fue precisamente la muerte violenta de un grupo de trabajadores que habían declarado una huelga en demanda de mejores condiciones de salario y de higiene en sus fábricas.
Esto sucedió en Chicago en Mayo de 1886. En el mercado Haymarket hubo una manifestación de unas dos mil 500 personas en la que hubo discursos y reclamos públicos por las malas condiciones de trabajo que imperaban en fábricas y talleres.
En un momento dado, intervino la policía para disolver el mitin. Inesperadamente estalló una bomba, lo que provocó que los policías comenzaran a disparar contra la multitud. En la confusión, un policía resultó muerto, lo que provocó la detención de ocho dirigentes que fueron juzgados y condenados, siete a muerte, y uno a cadena perpetua.
El juicio estuvo plagado de falsedades y manipulación. A pesar de las peticiones de muchas ciudades del mundo, el gobernador de Illinois se mantuvo inflexible y las condenas se cumplieron, a excepción de un dirigente que se suicidó en su celda.
El escándalo internacional fue tan grande, que ocho años después el gobernador en turno consideró inocentes a los procesados, lo que para la mayoría ya no tenía sentido y sólo unos cuantos detenidos fueron liberados.
A partir de entonces, en la mayoría de países occidentales fue conmemorada la masacre de Chicago con actos luctuosos, mítines y desfiles de protesta.
En los Estados Unidos, se ignoró totalmente la fecha para evitar que el sindicalismo se fortaleciera, pero de todos modos, en Chicago se dedicó una plaza y un monumento a los Mártires de Haymarket mejor conocidos como Mártires de Chicago.
Al paso del tiempo, las manifestaciones, las veladas luctuosas y los actos conmemorativos fueron perdiendo su intención inicial, al grado de convertirse, cuando menos en México, en un desfile festivo en el que los gobernantes y los líderes obreros caminaban del brazo e intercambiaban elogios, mientras los obreros eran obligados a desfilar muy contentos, bajo pena de rebajarles el día si no acudían o de plano perder su empleo.
Hoy, frente a las protestas de sindicatos independientes y las protestas por las malas condiciones económicas de los trabajadores, de plano el presidente Felipe Calderón prefirió no asistir al desfile del Primero de Mayo.

El sindicalismo actual

Los sindicatos y los partidos políticos parecen ser unos de los últimos reductos del viejo sistema político que se niegan a cambiar.
Los generalizados intentos por transformar a la sociedad mexicana de acuerdo con las necesidades del siglo XXI chocan con pared cuando se trata de meterse al campo de los sindicatos y los partidos políticos.
El catedrático universitario e investigador, doctor Ignacio Medina, autor de trabajos editoriales relacionados con el sindicalismo y los asuntos electorales sostiene con argumentos sencillos y claros el tema de la traída y llevada reforma laboral.
Son tan sabidos y padecidos, dice Medina, los vicios del sindicalismo mexicano, que sólo enumerarlos llenaría listas interminables.
Luego prolongada época de sometimiento del sindicalismo corporativo frente al gobierno, a cambio de canonjías a favor de los líderes y sus familiares y sus allegados, el sector obrero ha venido cambiando su manera de pensar y actuar, de 1980 a la fecha. El divorcio entre los trabajadores y sus dirigentes desembocará, más temprano que tarde, en nuevas formas de organización.
El doctor Medina se remonta a la época del maximato callista para marcar el origen de la complicidad entre los dirigentes sindicales y los gobernantes. El líder Luis N. Morones, fundador de la CROM y otrora impulsor del socialismo en México, fue nombrado secretario de Industria, Comercio y Trabajo por el Presidente Calles.
Muy claro era el conflicto de intereses. El líder obrero no podía ejercer con independencia de criterio y mucho menos con legitimidad representativa de su sector de origen su tarea de gobernante. Era absurdo que el papel de autoridad en materia obreropatronal estuviera en manos de un dirigente sindical.
Aunque, a decir verdad, en la práctica, Morones no era el secretario de Industria, Comercio y Trabajo, sino el instrumento de Calles para acabar con sus enemigos políticos.
Al acaudalado e influyente líder se le achacó la autoría intelectual del homicidio del presidente electo Álvaro Obregón. Tan fue así, que el Presidente Lázaro Cárdenas cuando se deshizo de Plutarco Elías Calles expulsándolo del país, en el mismo avión puso a su socio Morones.
En consecuencia, podría decirse que con Calles nació el corporativismo sindical al servicio del gobierno en forma de cargos públicos a repartirse entre las camarillas que manipulaban a los gremios.
La defensa de los intereses de los trabajadores, objetivo primordial de los sindicatos, pasó a segundo término frente a la ambición de los líderes por el poder político.
La pirámide burocrática sindical gubernamental comenzaba en las regidurías, las presidencias municipales, las diputaciones locales y federales, para culminar en las senadurías y gubernaturas estatales.
Los cargos públicos entregados a cambio de apoyo a los líderes sindicales han ido decreciendo en número y se concentran en menos manos, en virtud del desgaste del corporativismo gremial.
Las sólidas estructuras sobre las que se sostuvo el sistema político, económico y social hasta la década de 1980 entraron en crisis, a la que los sindicatos no son ajenos.
Los movimientos disidentes en el seno de corporaciones otrora monolíticas se multiplican. Los maestros, los electricistas, los petroleros, los ferrocarrileros, los mineros, los telefonistas, los azucareros, los burócratas y en general los sindicatos nacionales amparados bajo la sombra de contratos ley, enfrentan el reto de cambiar o ser cambiados por sus militantes.
La UNT, cuya cabeza más visible es el líder de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez, fue el primero y más importante desmembramiento de las poderosas CTM y CROC y de la entelequia en que se ha convertido el Congreso del Trabajo.
La CNTE y las secciones cuasi autónomas como la IX del DF y algunas de Oaxaca, Chiapas y Michoacán, van carcomiendo la integridad del SNTE.
La FSTSE y sus réplicas estatales ya no son las únicas representantes de la burocracia.
En fin, la terca realidad demuestra que el sindicalismo corporativo de antes pasó a mejor vida, aunque a muchos líderes no les haya llegado la noticia. Cuando despierten van a mirar sorprendidos que la corriente de los hechos los arrastró.
La presión interna de sus representados y la externa de la globalización van a provocar que el Gobierno haga valer el principio elemental del voto personal, directo y secreto en la elección de dirigentes. Los líderes con verdadera fuerza en el seno de sus gremios tendrán que buscar soluciones alternas para no perder influencia, pero su representación oficial a manera de reelección interminable y hereditaria ya no será posible.
Otro cambio que, quiérase que no, impondrán las circunstancias, será la desaparición de los contratos colectivos al viejo estilo, para permitir el pago de salarios por horas y el trabajo fuera del recinto laboral.
La transparencia de sus padrones de afiliados por medio de la Internet irá siendo una realidad cada vez más extendida.
Los Fidel Velásquez, los Jesús Robles Martínez, los Carlos Jongitud Barrios, los Joaquín Hernández Galicia, los Salvador Barragán Camacho, las Elba Esther Gordillo, los Francisco Hernández Juárez y los cientos de líderes que han querido desafiar al tiempo y a las circunstancias serán anacronismos históricos de quienes sólo quedará el recuerdo.
La prueba del voto directo, secreto y personal será el agente transformador, entre otros, del sindicalismo mexicano.
Poco ha de vivir quien no mire este cambio.

arana1@prodigy.net.mx

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