Sólo recuerdos quedan, pero vale la pena contar a las generaciones de hoy los medios que hace muchos años utilizaron los tonaltecas para viajar a Guadalajara, de paseo, de negocios, para hacer compras o para llevar a vender su loza al Mercado de San Juan de Dios.
Algunos vecinos utilizaban el tranvía que salía del parián de San Pedro Tlaquepaque; otros iban a pie; mientras que muchos cargaban en sus burritos las barcinas llenas de loza y paso a paso recorrían el camino.
Otros medios de transporte eran unas camionetas con asientos de madera y había un coche con toldo donde los alfareros colocaban sus canastas o sus barcinas con loza.
El tranvía daba la vuelta en el parián de San Pedro y enfilaba rumbo a Guadalajara pasando por El Paradero. De regreso había uno que pasaba por San Andrés, cuando era todavía un pueblo separado de la ciudad, y antes frente a la penal de Oblatos.
Cuando un pasajero quería bajar del tranvía, jalaba un hilo que pasaba por el pasamanos, hacía sonar una chicharra y el chofer hacía alto.
Los carros del tranvía eran de primera y de segunda clase. El de primera iba adelante y pegado el de segunda Había mucho orden en los tranvías.
En El Paradero, el tranvía que llegaba primero tenía que esperar el paso del que venía en sentido opuesto para evitar choques.
De Tonalá, algunos alfareros utilizaban también para llevar su loza a Guadalajara un carro foringuito al que le acomodaban en el techo la carga.
Con eso de la contaminación se habla de que a lo mejor los tranvías eléctricos, ya no los jalados por mulas o de motor, volverán a Guadalajara.
Si eso sucede, nos harán recordar los buenos tiempos de los tranvías de San Pedro Tlaquepaque a Guadalajara.
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