El tiempo hace que las cosas cambien.
Hasta 1956, Tonalá no tenía cartero.
Cada destinatario tenía que acudir personalmente a recoger su correspondencia a la casa donde llegaba el correo. Así pasaban los años. Era una verdadera ilusión ir a preguntar a la casa del correo si tenía uno carta.
El comercio o tienda a donde llegaban las cartas estaba en el mero centro de Tonalá, al lado norte de la presidencia municipal y la encargada era Chabela Zermeño. Al mismo tiempo que entregaba la correspondencia, Chabela atendía a sus clientes de la tienda de abarrotes.
Pasando el tiempo, Chabela tuvo que ver la forma de mandar las cartas a la casa del destinatario, porque era ya mucha la correspondencia.
El primer cartero fue un muchacho de nombre Roberto Pérez Zermeño, sobrino de Chabela.
Roberto salía en su bicicleta a repartir la correspondencia a partir del año 1957.
Por sobrenombre, Robeto Pérez era conocido mejor como La Sobera y era una figura familiar para los tonaltecas verlo transitar todos los días por las calles entregando cartas en la puerta de cada destinatario.
Muy a gusto se sentía la gente cuando escuchaba el silbido de La Sobera anunciando en la puerta que la ansiada carta había llegado.
Luego, el correo fue transformándose de acuerdo con el progreso de la población.
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