El General Plutarco Elías Calles se preguntaba: ¿Quién podrá ayudar a las personas más necesitadas de México? Su contestación fue: "Indudablemente que la única instancia que puede hacerlo es la institución del gobierno".
El aumento generalizado en el índice de suicidios que en la actualidad registra Jalisco es una señal de alarma que nos dice que algo no está bien en nuestra sociedad.
Ese “algo” será quizás ¿nuestro gobierno? La falta de oportunidades en el trabajo, la salud y la asistencia pública social.
En estos momentos y a estas alturas ya parece costumbre que a cada inicio de semana los noticieros viertan información de personas que optan por solucionar sus problemas por la puerta falsa.
Por ejemplo el de la joven que llegó de Mazamitla junto con su hermana con el fin de encontrar empleo, con apenas 21 años y que al no encontrar ninguna oportunidad en Guadalajara, decide quitarse la vida asfixiándose en una localidad de Tonalá.
Triste es reconocer esta realidad que a todas luces nuestros gobiernos no parecen ser sensibles.
El General Calles, desde su mandato ilustra en forma clara que la responsabilidad de salvaguardar la vida de sus gobernados es tarea prioritaria en un gobierno.
Si bien es cierto que un gobierno no es quien genera las fuentes de empleo en una sociedad, sí facilita la creación de fuentes de trabajo en oportunidades de inversiones que generen actividades productivas.
La pregunta es ¿Si quienes actualmente nos gobiernan son empresarios o dicen serlo, podrán estar al pendiente de invertir en previsión social? Ó, se dedicaran tan sólo a canalizar sus esfuerzos como gobierno a acumular ganancias en cualquiera de sus dependencias, cual changarros que abren a su entera voluntad.
Los resultados saltan a la vista. Y, no se nos haga raro que los suicidios vayan en aumento.
Los suicidios son una protesta civil del mal gobierno que hoy tenemos y que padecemos.
Entendámoslo de una vez por todas, mientras sean los empresarios quienes ostentan el poder de un gobierno, su único fin es que los “números cuadren” y, que se acumule más riqueza con menos inversión, que a fin de cuentas que entre “menos burros más olotes”.
Imaginese usted, un empresario o un banquero invirtiendo en salud pública, o en beneficencia social, ¡ni en sueños! Ó, en el más raro de los casos, que un banco le perdone a usted un peso.
Sólo puedo ofrecerte, lo que está a mi alcance, unas palabras de aliento, para que las reflexiones: Por cada sueño, por cada ilusión que dejamos de luchar o conquistar, nos alejamos de nosotros mismos. Te deseo que en todo momento, nunca te abandones. En el mundo, ten por seguro siempre habrá alguien, a quien le hagas falta. |