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Eduardo Nuño Suárez
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Tercera Época
Sábado, 19 de mayo de 2012
 
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Mensaje
Sólo Dios basta
José R. Ramírez

San Lucas describe la escena en el atrio del templo de Jerusalén. Los judíos, orgullosos, contemplaban “la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban”.
Jesús los oyó y quiso iluminar sus mentes, demasiado apegadas a las cosas materiales y sus palabras para ellos y para los hombres de después son para ver que todo lo que está en el tiempo, aun lo bello y agradable, es caduco, y por la ley natural eso que tuvo principio tendrá fin. Así les dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo lo que están admirando”.
No es una maldición, Cristo no vino a maldecir, sino a bendecir; anuncia con una visión profética algo que sucederá y sucedió. Los romanos se fueron sobre los revoltosos judíos, derribaron las murallas de la ciudad en el año setenta después de Cristo y los emperadores Vespasiano y Tito, padre e hijo, no dejaron piedra sobre piedra del templo de sus complacencias.
La ciencia y los múltiples recursos de la técnica, en este siglo XXI, anuncian la formación, de uno por uno, de los ciclones, su lugar de origen y la dirección que llevan, mas no puede predecir la muerte ni la hora de cada uno de los seres humanos.
A nadie le ha de agradar saber de antemano la hora y el día de su final. Es bondad de Dios dejar esa incógnita para que el hombre enfile sus pasos más allá del tiempo, hacia la vida eterna.
Abundan los engañadores, los mentirosos, los aduladores, los falsos. Suena el teléfono y una dulce voz anuncia: Ha sido agraciado con un premio. Así encubren algunos su maldad y hasta su crimen.
Llaman a la puerta y son dos personas muy atentas que ofrecen a la señora de la casa la certeza de su salvación y le regalan folletos con la dirección de un lugar donde la invitan a liberarse de prejuicios y falsedades porque allí está la verdad, ellos la tienen.
Por televisión, por radio, aparecen ofertas para liberar de “alguien que te está haciendo algo malo”, para leer tu suerte, para protegerte de embrujos y hechizos.
A veces ofrecen doctrinas nuevas y pegajosas que suelen halagar la vanidad, el amor propio. Son “ondas” pasajeras de unos que llegan y pasan, pero en su paso dejan consecuencias hasta de destruir un hogar y separar a los que estaban unidos.
El final de los tiempos no es inminente. Cristo orienta a sus oyentes y a los hombres de hoy a una vida de trabajo, a una vida comprometida, vida de peregrinos, de caminantes hacia una meta segura. Hay que cuidarse de ser engañados.
Ser sabios es vivir el presente en plenitud, con responsabilidad, sin perder de vista el plan de Dios. El destino está en el futuro, pero el deber está en el hoy de cada día.
“Se equivocan los cristianos que pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas”.
Así se expresaron los obispos en el Concilio Ecuménico Vaticano II. No es una evasión, sino una entrega generosa al cumplimiento de las tareas del presente.

Que no nos gane el miedo
Además de la destrucción del templo, Jesús anuncia que “se levantará una nación contra otra y un reino contra otro”. Anuncia guerras, epidemias, hambre. Pero no quiere infundir miedo, sino una serena confianza: “No caerá ni un cabello de la cabeza de ustedes”.
Anuncia, además, persecuciones: Van veinte siglos de cristianismo y la historia cuenta una constante lucha contra Cristo y contra su reino, la Iglesia. El día que ya no aparezca el odio contra la persona del fundador, entonces se habrá de dudar de la Iglesia y su sentido, su carácter, su condición.
Blanco de contradicción era el niño que José y María fueron a presentar al templo. Así profetizó el anciano Simeón cuando tuvo en sus brazos al Mesías.
Mas no sólo llegan las persecuciones sangrientas y feroces, hay otras más temibles, ocultas, serpenteantes, disfrazadas bajo una amplia gama de formas. En este siglo, esa constante campaña de llevar a los adolescentes a la droga, al desenfreno sexual, a una vida sin sentido, carente de valores, son persecuciones que destruyen vidas, que afectan a las personas, a las familias, a la sociedad.
Después del anuncio de calamidades y persecuciones, Cristo propone la manera de actuar: Primero, perseverar, no flaquear, no desanimarse ante los vientos adversos, ante los continuos sufrimientos y desgracias. El verdadero cristiano es valiente, es audaz, es esforzado.
San Pablo escribió: “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución”.
“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. No flaquear, no desfallecer, perseverar sin soltar el arma a la hora del combate.
El apóstol Santiago escribió: “Considerad hermanos como alegría perfecta el hecho de hallaros sometidos a varias pruebas, sabiendo que lo que purifica vuestra fe es la paciencia. Mas la paciencia ha de tener obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros sin que os falte cosa alguna”.
Los maestros en la vida espiritual recomiendan la virtud de la paciencia con merecidos elogios y dicen que los combates de la paciencia son los más gloriosos.
Santa Teresa de Ávila, experimentada en la lucha del espíritu, dice:

Nada te turbe
Nada te espante,
Todo se pasa.
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

 

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