La salida de Francisco Ramírez Acuña del primer círculo de poder alrededor del Presidente Felipe Calderón tiene una explicación simple: Ya no era útil.
El dueño del negocio tiene el derecho legal y formal de cambiar a sus colaboradores cuando lo desee y bajo el pretexto del que quiera echar mano.
Así como llamó a Ramírez Acuña al cargo de segundo de a bordo, de la misma manera lo relevó porque los resultados de su trabajo no eran los esperados o no servían para lograr las metas de los cinco años de gobierno que faltan a Felipe Calderón.
Los ingenuos que piensan que el ex gobernador de Jalisco renunció, por motivos personales, todavía creen en los Santos Reyes o deliberadamente cierran los ojos ante la realidad.
Lo que sí es creíble, dado el carácter de Ramírez Acuña, es que haya rechazado otra encomienda como una embajada (se habla de que le fue ofrecida la de Santiago de Chile) u otro cargo en la Administración federal.
Buen detalle el del político de Jamay, porque después de ser el segundo en la jerarquía federal, haber aceptado un cargo menor hubiera demostrado que anteponía el chambismo a la dignidad personal, al respeto por sí mismo.
La verdad es que con toda madurez y objetividad, Ramírez Acuña acepta que se equivocó, que su trabajo no estaba a la altura de las expectativas o de la necesidad del Presidente Calderón como responsable de la marcha del país.
Uno de los viejos periodistas mejor enterados como es Leopoldo Mendívil, al anunciar la salida de Francisco Ramírez Acuña 24 horas antes de que se hiciera oficial, narraba detalles del caso y mencionaba que Abraham Kunio González Uyeda, sub secretario de Gobernación y, por lo mismo, segundo en el mando de la importante dependencia federal, fue señalado de haber recibido diez millones de dólares a cambio de autorizar casas de juego en Monterrey.
También comentaba en Radio Fórmula el periodista Mendívil que el equipo de colaboradores de Francisco Ramírez era de muy bajo perfil y que, en lugar de ayudar a su jefe, le resultaba un estorbo porque no estaba preparado para desempeñar con eficacia y eficiencia el complejo trabajo que está a cargo de la Secretaría de Gobernación.
En un ambiente donde las intrigas, las envidias, los golpes bajos, las conjuras internas y externas y el piso sumamente resbaladizo hacen tambalear al más pintado, el titular de Gobernación no sólo debe poseer un carácter y una preparación a toda prueba, sino rodearse de elementos fogueados y de características similares a las de su jefe, para fungir como murallas de defensa o como instrumentos de operación y ataque, según el caso.
Al parecer, Francisco Ramírez Acuña repitió el esquema del Gobierno del Estado, del Ayuntamiento de Guadalajara y, en general, de los cargos públicos que ocupó en Jalisco, antes de emigrar a la ciudad de México. Se rodeó de colaboradores dados al “sí señor” e incapaces de la menor contradicción. En Jalisco, las consecuencias de los errores en el ejercicio del poder siempre fueron controladas por el estilo personal autoritario de Ramírez Acuña. En el ambiente doméstico, difícilmente hubo quien alzara la voz. Pero en el nivel nacional, donde es punto menos que imposible controlar las circunstancias y los intereses en juego son mil veces más poderosos que en un estado, por más importante que sea como el de Jalisco, los errores se pagan, pronto y en efectivo.
La prueba está en los diputados y senadores que no le mandaron decir, sino que le pidieron cara a cara que renunciara, porque el cargo le “quedaba grande”, cuando compareció ante el Congreso, luego del primer informe del Presidente Calderón.
Y como ésos, muchos otros detalles fueron luces de alerta que el equipo de Ramírez Acuña no supo, no pudo o no quiso atender, con los resultados que estamos viendo.
¿Qué va a pasar? Que el mundo no se acabó para Ramírez Acuña. El hombre ha superado adversidades que en otras personas hubieran sido insalvables. En su vida en el PAN, ni siquiera su renuncia al partido le impidió reingresar y llegar hasta los niveles que ningún correligionario jalisciense ha logrado.
Francisco Ramírez Acuña es un político profesional moldeado a lo largo de más de tres décadas de brega. Al hombre le queda mucho camino por recorrer. El sabe que la política obedece más a circunstancias y tiempos que a proyectos rígidos.
Lo importante es cuánto le llevará asimilar la lección y aprovecharla.
No hay que olvidar que sólo en la Biblia y en la política los muertos resucitan, por aquellos que pensaran que Francisco Ramírez Acuña está en la tumba, luego de su salida de la Secretaría de Gobernación.
arana1@prodigy.net.mx
|