Es una vergüenza para el sistema político decadente lo que ocurre en Tonalá, Jalisco, a media hora de Palacio de Gobierno.
Parece pantomima de «Lagrimita». Por supuesto que indigna de la «patria ordenada y generosa». Es el puro desorden, la burda codicia, la anarquía vil.
Recapitulemos. Primero fueron las amenazas entre los mismos gobernantes. Luego los atentados. Después el asesinato. En seguida las denuncias: tráfico de drogas en vehículos oficiales del Ayuntamiento, «venta» de protección al negocio sucio de las «maquinitas», «venta» de cargos públicos en la administración, nepotismo, extorsión a comercios, etcétera, etcétera y más etcéteras. Claro, todo «honesto». Casi «en olor de santidad».
Siguió la fuga del mismísimo presidente del PAN en el municipio, para más señas Secretario del Ayuntamiento, señalado como sospechoso en el asesinato de un funcionario municipal, quien a su vez, era compadre y dizque «socio» del presidente municipal. Mismo presidente municipal que termina también fugándose, con la complacencia que si no complicidad, de quienes estaban obligados a presentarlo ante un juez.
¡Qué bonita familia! ¡Qué bonita familia! ¡Oh cuánto bien común! Para suplir al «Alcalde en juida», los de su partido político ponen a un señor Salvador González del Toro, capacitado en la Academia de Policía y erudito práctico en hipnosis, según datos de quienes suponen conocerlo.
Ese señor llega, toma posesión... y ¡se encierra en la oficina! Como a «comunicarse con los espíritus», como si ahí tuviera escondido al anterior alcalde, como si «aquel cuate regresará en marzo», según le atribuyeron el dicho.
Raro, rarísimo. Más raro cuando, a punto de ser destituido, salió con la puntada de que se había decretado «una cuaresma», «una cuarentena, antes de empezar a gobernar». ¡Órale! ¿De dónde sacan tales «autoridades»? ¿Qué leyes o con cuáles cartas juegan?
Llega Salvador González del Toro y como «El Enano del Tapanco» dice que ahora sí va a empezar y que arrancará poniendo en el DIF a su señora esposa. Normal. Pero resulta que como presidenta del DIF está Delia de Vizcarra, es decir, el cargo todavía se encuentra en manos del prófugo.
Y entonces cuando se presenta Salvador a ejercer personalmente su primer «acto de gobierno», Delia simplemente lo manda al diablo. Sí lo amenaza, le advierte o vaya usted a saber qué...
Escriban a: gregorio.g.cabral@gmail.com