Es triste, pero es real, es doloroso, pero es la realidad, es cruel, pero no hay de otra.
Las Chivas de la era moderna, producto de la mercadotecnia y el bla, bla, bla de su dueño, quedaron fuera de la Copa Libertadores, a la que por cierto llegaron impuestos por los patrocinadores ya que anunciantes y televidentes de México y Estados Unidos estarían pegados al televisor, imponiendo un récord Guiness con el raiting; es decir, no lucieron nada para ganar su participación, sólo los impusieron, pero como no tienen plantel, hasta ahí llegaron.
Si yo fuera ingenuo, escribiría, al escuchar las palabras de Vergara: “Seremos campeones de la Libertadores, los jugadores me lo prometieron como regalo de bodas”. Es cierto y creo en la palabra de los jugadores ya que el señor Vergara todo lo merece.
Si yo fuera optimista escribiría: “Sin duda que los jugadores de Chivas serán campeones de la Libertadores, porque tienen el deseo de darle un regalazo de boda a su patrón.
Si yo fuera pesimista, escribiría: “Vergara se va a quedar sin regalo, ni siquiera tienen plantel para jugar los dos torneos”, pero yo que soy realista escribo: “¿Cómo es posible que el señor Vergara les pida un regalo de ese tamaño?”.
Primero, porque no contrató a ningún jugador para hacer un plantel competitivo en los dos torneos, a pesar de que el entrenador de juveniles de su equipo quería jugadores; les vendió la idea de que los jóvenes eran la solución; si no tienen un plantel grande, menos para dos torneos. Sus jugadores claves ya están en la orilla del camino y para ser campeón también se ocupa un entrenador con experiencia, capacidad y personalidad, no un entrenador impuesto al “Sí Señor”, “Lo que Usted diga mi Señor” y con un cero en lo que se denomina estrategia.
Lo peor, es que este dueño será de los que escojan al nuevo entrenador de la Selección Nacional.
|