Al ex secretario general de Tonalá, Ricardo Sigala, preso en Puente Grande acusado por intento de homicidio, le llueve sobre mojado.
Primero se pensaba entregar y le madrugaron los de la Procuraduría de Justicia; luego, su ex abogado, José Luis Guízar, anda detrás de él porque le quedó a deber medio millón de pesos en el tiempo que anduvo prófugo, que porque todo el dinero que supuestamente recibió por la protección de las máquinas tragamonedas, las narcotienditas y los casinos clandestinos, lo despilfarró y quedó en la ruina. Y parece que el dicho de que “a los amigos se les conoce en la cama y en la cárcel”, no le ha funcionado al ex funcionario.
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