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Tonalá, tierra de Artesanos
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Tercera Época
Jueves, 09 de febrero de 2012
 
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No hay mal que por bien no venga

Los dichos son la Biblia chiquita.
Así lo ha sostenido la sabiduría popular. Y es que los refranes populares dicen la verdad como la Biblia misma.
Lo anterior viene a cuento, con motivo de los desfiguros del gobernador Emilio González Márquez, a propósito de sus desacertadas decisiones de manejar a su antojo el presupuesto público y, para colmo, burlarse de los contribuyentes diciéndoles que chinguen a su madre, si lo critican.
Las mentadas de madre, en estos tiempos, ya no asustan ni a los más castos oídos, porque se escuchan cotidianamente hasta en el ambiente familiar, donde las “malas palabras” estaban, hasta hace algunos años, prohibidas. Los tiempos cambian y las costumbres también, de manera que decir palabrotas ya no es signo de reprobación pública como antes.
Sin embargo, hay lugares y circunstancias para expresar vulgaridades sin que se vea mal.
Pero en el caso de Emilio González Márquez la cosa cambia, porque el señor cuando le mentó la madre a sus críticos no lo hizo en la cantina de donde, al parecer, venía, sino en un acto llamado “banquete del hambre” organizado por la Arquidiócesis de Guadalajara, por medio de su organismo Banco Diocesano de Alimentos y al que asistía nada menos que el Cardenal Arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval, la máxima autoridad de la Iglesia católica en nuestro medio. Y ahí estaban representantes sociales y personas que se supone comparten ideología y costumbres en las que las mentadas de madre no son precisamente parte de su lenguaje.
Por añadidura, Emilio González Márquez habló en su calidad de gobernador de Jalisco, no como invitado particular que acudía al “banquete del hambre” como otros muchos. Por eso, el insulto a quienes no están de acuerdo con sus decisiones de autoridad es una absoluta falta de respeto y está fuera de la ley. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la sociedad tiene el derecho de expresar su inconformidad con la forma irresponsable como reparte dinero a diestra y siniestra. Decir que vayan a chingar a su madre quienes no están de acuerdo en que regale el dinero que no es suyo a su antojo es un insulto grave penado por la ley.

Las mentadas son lo de menos

Emilio González y sus expresiones fuera de lugar son secundarias, comparadas con el desplante soberbio que tuvo al justificar el mal manejo del presupuesto afirmando que él sabe qué necesita Jalisco y puede disponer del presupuesto público como quiera.
Anda mal Emilio González cuando así actúa porque, como gobernante, tiene la obligación irrenunciable de consultar con la sociedad cómo y en qué debe gastar el dinero de todos. Los votantes no le dieron el mandato para que haga lo que le pegue la gana. Por eso hay un Poder Legislativo que le aprueba el presupuesto anual y le fija partidas específicas. Dice la ley que el gobernante sólo está autorizado a hacer lo que clara y expresamente diga el papelito. Y en ninguna parte el papelito dice que puede regalar dinero a empresas privadas para hacer telenovelas y mucho menos que puede financiar la construcción de templos religiosos u obras sociales de Iglesia.
Mucho ojo: No es malo que se construyan templos y mucho menos que se dé de comer al hambriento. Nadie con tres dedos de frente estará en contra de que la Iglesia católica, los mahometanos, los protestantes, los budistas o los shintoistas levanten santuarios.
Que los hagan, pero con los recursos de sus correligionarios, no con el dinero público que pertenece a toda la sociedad, entre la que se cuentan numerosos ciudadanos no creyentes.
El Gobierno de Jalisco tiene dependencias e instituciones a las que, presupuestalmente, está obligado a sostener. Ahí está el Instituto Jalisciense de Asistencia Social. Ahí está el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia conocido como DIF. Ahí están las escuelas donde los desayunos escolares son parte indispensable de sus programas. En fin, la lista de tareas asistenciales y de beneficencia que por deber legal tiene el Gobierno de Jalisco es larga.
Si Emilio González Márquez quiere regalar dinero a Televisa, TV Azteca, la Iglesia católica o cualquier otra entidad privada de su afecto o preferencia, que lo haga de su sueldo que no es bajo, por cierto.

 

 

Gobernador del PDM

Un aspecto de llamar la atención es el antecedente político de Emilio González Márquez. Él no es de origen panista, él proviene del PDM, el “partido del gallito”.
Inclusive fue presidente nacional del desaparecido partido político, de profundas raíces en algunas poblaciones de Los Altos de Jalisco. Su ideología, su programa de acción, sus métodos, sus reglas son de abierta tendencia religiosa. Por supuesto que el desaparecido PDM tenía y sigue teniendo, en caso de que quiera revivir con esas u otras siglas, todo el derecho de pensar y de actuar como le parezca, siempre y cuando esté dentro de la ley. Sus militantes merecen el respeto de la sociedad.
Pero si el PDM perdió el registro fue por algo. No obtuvo los suficientes votos de la ciudadanía para mantenerse.
Dicho sea lo anterior para establecer un marco de referencia al modo de actuar del gobernador González Márquez. Su afiliación al PAN data de los tiempos de Tarsicio Rodríguez Martínez como presidente estatal. Entonces comenzó su carrera política panista y, nadie puede negar que tuvo la habilidad suficiente para convertirse en lo que es, después de ser diputado federal, presidente estatal del PAN y presidente municipal de Guadalajara.
No es, en consecuencia, descabellado afirmar que el PDM nunca pensó en tener un gobernador de Jalisco, aunque fuere bajo el amparo de otras siglas.
Cuando González Márquez tiene desplantes públicos a favor de la Iglesia católica no debería sorprender a nadie; a nadie medianamente informado, porque los antecedentes políticos y personales de Emilio explican su conducta.
Claro, cuando el gobernador mezcla sus convicciones religiosas con el ejercicio del poder está violando la ley. Como cuando en el Auditorio Benito Juárez, con motivo de un congreso misionero, pronunció un discurso ante la concurrencia. Que lo hizo como católico practicante, está a la vista, pero que se pasó la ley por el arco del triunfo también, porque es gobernador las 24 horas del día y los 365 días del año.
Además, a ningún gobernante le está prohibido practicar su religión, en su ámbito personal, familiar o privado. Pero como autoridad, exhibirse y participar en actos confesionales, no le está permitido.
En resumen, las mentadas de madre de Emilio González son secundarias, frente a sus abiertas, retadoras e impunes violaciones de la ley.
Por eso, vale decir que no hay mal que por bien no venga, porque la ciudadanía está abriendo los ojos y, seguramente, en la próxima oportunidad que tenga de votar, lo hará con mayor cuidado.

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