Hace más de cincuenta años, desde muy tempranito, la gente comenzaba a llenar la plaza con artesanías de Tonalá.
Traían de Tateposco los cántaros y las ollas boderas; de Santa Cruz de las Huertas, los monitos, los caballitos, los chinchorros para los nacimientos; de la comunidad de El Rosario, se traían los botellones de olor para refrescar el agua; de Zalatitán los toritos de barro, los caballitos, los metates de barro, los tecolotes, los pitos ronderos, entre otros; de San Gaspar, verduras, rábanos, lechugas, ejotes, tejocotes; de San Martín, los nopales tiernos y las tortillas. Claro, lo principal era la alfarería de Tonalá.
Ahora la plaza de Tonalá la cubren el mercado que ya le ha quitado la vista a los que era el tianguis de Tonalá y que era visitado por compradores los Jueves y Domingos.
Hoy podemos ver en el tianguis que venden de todo, menos la artesanía de Tonalá.
Yo recuerdo que antes los compradores venían a las seis de la mañana, quienes después de hacer sus compras, llegaban a los puestos de comida en donde saboreaban una sabrosa agua fresca o un rico tejuino; a las seis de la tarde comenzaba a tocar la música de viento en donde los muchachos aprovechaba para echarle las flores a las muchachas, para ver si alguna caían y fuera su novia.
Pero los vuelvo a repetir, todo eso ya desapareció, Tonalá, ya no vende la verdadera artesanía, ya que estamos invadidos de productos chinos y toda clase de mercancía pirata en su mayoría. |