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Jueves, 09 de febrero de 2012
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¿Quiénes son los dueños de PEMEX?

Ríos de dinero, de tinta y de saliva corren a propósito de la reforma de PEMEX, que no reforma energética.
La guerra de intereses que mueven a los actores del llamado análisis contaminan un tema que, desde hace décadas, debió de haber sido tratado con seriedad.
Dado que PEMEX ha sido botín político y económico a disposición de unos cuantos, cada administración federal lo ha manejado a conveniencia, sin el menor respeto por los dizque “dueños”, entre comillas, del petróleo.
Mientras en el Senado de la República decenas de políticos, líderes partidistas, dirigentes sociales, investigadores y cuanto experto hay, pontifican sobre la reforma de PEMEX, y Andrés Manuel López Obrador recorre el país predicando contra la propuesta de Felipe Calderón, los resignados consumidores siguen pagando el litro de gasolina cada mes más caro.
Vamos por partes, como diría Jack el Destripador:

1 El Gobierno federal ha tenido como proveedora de recursos fiscales a la empresa petrolea estatal. El hecho de que 40 centavos de cada peso que ingresa a las arcas de la Secretaría de Hacienda provengan de PEMEX es una aberración. La política recaudatoria de Hacienda tiene como rehenes los ingresos por petróleo. En tal virtud, cuando la empresa estatal pague los impuestos que le correspondan como cualquier contribuyente de su tipo, tendrá recursos de sobra para reinvertir.
2 El Gobierno federal ha dispuesto de los recursos de PEMEX, bajo los más diversos subterfugios, para fines políticos partidistas. La prueba más reciente fue el “pemexgate” por el que fue sancionado el PRI.
3 El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana es el gran beneficiario del manejo amañado de PEMEX por parte del Gobierno federal. El hecho de que sólo por sentarse a revisar el contrato colectivo de trabajo el sindicato, entiéndase su dirigencia, reciba un bono superior a los mil millones de pesos es un abuso institucionalizado. Otra prueba de los privilegios de la cúpula dorada sindical es el “derecho” del gremio a ser contratista de PEMEX para la ejecución de obras.
4 El dispendio de la abundancia excesiva e ilegal de recursos no fiscalizados ni interna ni externamente del sindicato petrolero son cotidiana noticia salida a flote, no por investigación periodística o judicial, sino porque no puede ser ocultado por su enormidad.
Las vacaciones en Las Vegas de los líderes sindicales, sus familias y sus amigos; sus apuestas millonarias en dólares que les ganan un trato de privilegio por parte de los dueños de los casinos.
Su exhibicionismo, más de cinismo que exhibición, de joyas y adornos personales de precio ofensivo para los trabajadores petroleros sindicalizados y para el infelizaje mexicano.
Las bodas de hijos de líderes sindicales con boato comparable a la de jeques árabes.
En fin la sola mención de nombres como los de “la quina” Hernández Galicia, Chava Barragán y Carlos Romero, hacen que la imaginación más lenta se catapulte hasta la estratósfera. Muchos libros han sido escritos y enciclopedias enteras podrían completarse con las andanzas de la dirigencia sindical petrolera, con cargo al bolsillo de los contribuyentes mexicanos.
5 La burocracia dorada que maneja PEMEX, cuyos hilos son movidos desde Los Pinos, ha amasado, y lo sigue haciendo, enormes fortunas al amparo de contratos y concesiones. La familia presidencial en turno es señalada como protagonista de negocios al amparo de PEMEX. Hechos en apariencia irrelevantes frente a la magnitud de los recursos que maneja la empresa, como el pago de cirugías estéticas para la esposa misma del director de PEMEX son la puntita del iceberg de la corrupción generalizada.
6 El manoteo sobre los recursos petroleros y el manoseo del presupuesto de PEMEX hacen urgente la reforma de la empresa, pero no desde los extremismos movidos por los intereses políticos o económicos, sino desde la perspectiva de los intereses de los consumidores mexicanos y de la nación en general. A quien va a la gasolinería de la esquina le importa un bledo si el dueño de PEMEX es Pedro, Juan o Francisco, si el litro de gasolina es menor cada mes. Si el consumidor puede llenar el tanque de su vehículo con 200 ó 300 pesos, ya no digamos con unas cuantas decenas de pesos, como en Venezuela, la propiedad de la empresa petrolera ni siquiera estaría a discusión. Pero, la verdad, el botín es tan grande y tan incontrolado su manejo, que los tiburones de la política y del dinero, que casi siempre son los mismos, sostienen guerra a muerte por apoderarse de PEMEX.
7 En conclusión, la reforma de PEMEX debe concretarse en algo sencillo:
Que maneje como negocio único, no dividido en varios, con su propio presupuesto, y sea gobernado por un solo mando integrado por representantes gubernamentales, sindicales, técnicos, sociales y empresariales; que el Congreso de la Unión y el Poder Ejecutivo aprueben su programa de trabajo con objetivos concretos y medibles anualmente y a mediano y largo plazos; que el contrato colectivo de trabajo incluya deberes y derechos traducidos en metas concretas de productividad; que, finalmente, el precio de los hidrocarburos sea ajustado a la baja, según las utilidades de la empresa; y, principalmente, que sus directivos puedan ser sancionados en caso de mal manejo del negocio.
Cuando el litro de gasolina cueste al público la mitad de las tarifas actuales, entonces sí estaremos hablando de que el petróleo es nuestro.

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