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Jueves, 09 de febrero de 2012
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Cinismo legislativo

México es el país al que más le cuesta la desconfianza ciudadana en sus elecciones.
Como la ciudadanía no confía en su sistema electoral, ha creado una complicada estructura para cuidar las manos a quienes organizan, participan, califican y resuelven los asuntos relacionados con las votaciones trianuales y sexenales.
Dizque para demostrar al mundo que es un país democrático, los contribuyentes mexicanos financian a los partidos políticos, no vaya a ser que dinero mal habido vaya a contaminar la pureza virginal de tales organismos.
La realidad demuestra que la borrachera democrática le cuesta dada día más a los pagaimpuestos, según los datos siguientes:
En 2006, año de elecciones, el presupuesto del IFE ascendió a 6 mil 932.6 millones de pesos.
En 2007, año no electoral, el presupuesto subió a 7 mil 434.4 millones de pesos.
En 2008, año no electoral, el presupuesto es disparó a 7 mil 961 millones de pesos.
En 2009, nomás de pensar en que será año electoral, el contribuyente deberá estar temblando por lo que le costarán los partidos políticos y las votaciones.
A lo anterior hay que sumar el presupuesto del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que en 2006, año electoral, costó un mil 79 millones de pesos; en 2007, año no electoral, un mil 129 millones de pesos; y en 2008 año no electoral un mil 434 millones de pesos.
Al presupuesto federal deberá aumentarse el presupuesto de cada Estado, con lo que el gasto electoral en conjunto supera con mucho los diez mil millones de pesos, una verdadera fortuna.
Y eso que el Poder Legislativo le vendió a la ciudadanía la idea de que con la reforma electoral, el gasto iba a ser menor, porque ahora el gasto en publicidad en medios electrónicos será con cargo a las propias empresas que poseen las concesiones de radio y televisión.
Como puede verse, contra los hechos no hay argumentos, los números dicen que los legisladores mienten, a propósito de la reforma electoral y sus supuestos beneficios económicos para el contribuyente.

 

El descaro de los legisladores

En Jalisco, los diputados que aprobaron la reforma de la Constitución local para ajustarla a los cambios del COFIPE no se midieron.
PAN, PRI y PRD se pusieron de acuerdo en lo oscurito para hacer cambios a su conveniencia, de espaldas a la sociedad y en franca actitud de reto, como diciendo: Sí y qué.
Con el mayor descaro del mundo, copiaron la fórmula federal para asignar el subsidio a los partidos políticos y de 31 millones de pesos lo aumentaron a 166 millones al año.
Tratándose de saquear el bolsillo del contribuyente, los diputados aplicaron fielmente la fórmula federal, pero en lo que no les convenía hicieron gala de independencia de criterio.
A ver, ¿por qué no igualaron el número de distritos y su jurisdicción? No, como eso disminuiría su poder económico y político, dejaron los 20 distritos locales en lugar de los 19 federales.
Tampoco aplicaron la fórmula federal para distribuir los diputados de mayoría relativa y los de representación proporcional. De los 500 diputados federales, 300 son de mayoría y 200 de regalo. En Jalisco serán 20 de mayoría y 19 de regalo, una desproporción única en el país.
La sugerencia ciudadana de obligar a los servidores públicos electos a terminar el periodo para el que fueron designados por el voto, tampoco es atendida por los diputados. Obligarlos a que aspiren a un nuevo cargo hasta que cumplan el tiempo para el que fueron electos tampoco está en su agenda.
En vez de atender la petición ciudadana de desaparecer o disminuir los subsidios a los partidos políticos, los legisladores de Jalisco los aumentaron en más de cinco tantos. Y eso que se dicen representantes populares, si no lo fueran.
La iniciativa de disminuir el número de regidores y diputados de representación proporcional y repechaje simplemente fue ignorada.
Ni de chiste los legisladores pensaron en escalonar la elección o designación de regidores, diputados, consejeros electorales, magistrados electorales y en general miembros de cuerpos colegiados para que se aproveche la experiencia y no se comience de cero cada vez que son renovados esos organismos.
En resumen, los diputados hacen lo que les conviene en lo individual, como grupo o como partido político, mientras que usan como papel higiénico las sugerencias de la ciudadanía.
Y pensar que no habría una Legislatura más dañina que la próxima pasada, pero ésta, por su conducta, le da veinte y las malas.
Frente a cinismo, a reserva de no olvidarlos en las próximas elecciones, por vía de mientras vale la pena pedir prestada al gobernador Emilio González Márquez su ya clásica respuesta a sus detractores para dedicarla a los legisladores locales jaliscienses.

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