Parece un dicho, pero así era. Así decían las gentes grandes de allá en los años de 1930 y 1940, sobre todo en la temporada de siembras de cada año. Eran gentes conocedoras de los temporales de lluvia. Siempre se ubicaban en la nube vaca que aparecía por el oriente y porque los animales del campo, como las hormigas cuando caminaban muy aprisa buscando su comida para llevar a su agujero.
Después de que aparecía aquella nube, seguían las primeras lluvias mojando la tierra, como preparándola para iniciar la siembra y arrastrando los abonos para darle fuerza a las plantas, en este caso las hermosas milpas que produciría las mazorcas de maíz.
Esa era la temporada del maíz, del frijol y el cacahuate.
Decían los campesinos que para que la siembra fuera de una buena cosecha, tendría que ser medidita, es decir, que fuera solo una lluvia de una sola agua, decían este dicho, porque si llovía demasiado podía hacer fracasar la siembra y por ende la cosecha sería poca.
Para esto, los campesinos parecían “saurines” y por eso era el dicho. “poco agua, deja mucho”, y crecían las milpas tan hermosas con las hojas anchas y las milpas de un verde bonito, produciendo una buena cosecha. |