En medio de la gran cantidad de noticias de fraccionamientos inundados, vialidades que se lleva la crecida y grandes hoyos que proliferan bajo el asfalto como agujeros en el queso suizo; da gusto enterarnos que el empuje empresarial de los tapatíos no se empequeñece ante la adversidad y continúan con el ímpetu que los caracteriza: promoviendo, forjando alianzas y construyendo las viviendas del mañana... aunque ni permisos tengan para hacerlo.
Un lindo ejemplo de esto es el fraccionamiento El Capomo, en Tlajomulco, claro, ¿dónde más?.. bueno, podría ser en El Salto, Tonalá ¡o hasta en la "aristocrática" Zapopan!
Así es: tanto en aquellos pueblos anexados a esta ciudad grandota en calidad de dormitorios de segunda clase -o, para que no se vea tan gacho, de"calidad dudosa"-, como en el Municipio que presume tener más fraccionamientos de ricachones que ningún otro en el Estado, las posibilidades de construir sin atender a reglamentación alguna son las mismas: dependen tan sólo del billete que estén dispuestos a soltar y de su capacidad para mantener aceitadas las puertas de los Ayuntamientos, para que se abran con la consabida frase de Alí Babá... y veloces salgan, con su carga de oro y brillantes, los 40 ratones: ediles, directores y los inspectores correspondientes. ¡Alegres!
La parte triste, como siempre, le toca a los esquilmados compradores de esas baratijas construidas con poco oficio y menos ética: no pueden reclamar a los responsables municipales porque éstos cambian cada tres años y ya sabemos: "ninguno autoriza nada"... aunque todos se hagan, convenientemente, de la vista gorda. A las constructoras sí les pueden reclamar, pero no obtendrán nada, pues para negociar, aquí y en China, no se necesita una causa justa, ni siquiera "tener la razón". Lo que se necesita es una posición de poder (por eso, y disculpen el ejemplo, en la guerra de Medio Oriente, a los palestinos poco les interesa negociar la paz, mientras que Israel siempre está dispuesto: ¡si ya se quedó con casi todo! Ya nomás le falta tranquilidad para disfrutarlo). Y dicha posición de poder, ante un adversario opulento como una gran constructora, no le es asequible a un ciudadano de a pie, si no es con ayuda de la autoridad. Y como la "autoridad" aquí es la municipal, que mencionamos al principio del párrafo, volvemos entonces, como en una mezcla de Serpientes y Escaleras con la Pirinola, a la casilla primera... pero con la leyenda "Pierde Todo".
Aquí, además, funciona otra regla del capitalismo, para alivio de la "gente bien" (gente bien rica). Las construcciones irregulares en las zonas "nice", como edificios "inteligentes" (así llamados porque son construidos por puros vivos) o plazas comerciales para el segmento triple AAA (es decir, ricos y trepadores, no luchadores de la Coliseo), generalmente están bien hechas porque su clientela sí tiene suficiente poder para exigirlo. Hablo, por ejemplo, de autoridades municipales con sus correspondientes bonos.
Así que ahí, en todo caso, quien pierde es el Municipio mismo, es decir la ciudadanía de a pie, y como ésta anda más que ocupada en evitar que las inundaciones acaben con su escaso patrimonio... pues ni quién diga nada.
Y asunto concluido. Justicia, sabiduría y fortaleza... bla, bla, bla.
Así, juntitos los dos...
Anduve fuera de la Ciudad y por poco se me escapa la mejor anécdota de la semana, del Gobernador y el Rector de la UdeG: estaban los tomatitos muy contentitos, cogidos de las manos y trepados en la cuchara de una retroexcavadora, posando para las cámaras tan alto como les permitía el brazo de la misma, cuando Gonzalitos, tan ocurrente como siempre, inquirió "¿y ahora, cómo quieren la foto?", y no es exagerado pensar que todo el Estado de Jalisco acompañó en su sentir al empleado municipal de Tlajomulco que les gritó "¡dense un abrazo y aviéntense!" Y sí.
paco.navarrete@mural.com
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