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Jueves, 09 de febrero de 2012
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Los delincuentes felices; la sociedad preocupada

Como si no tuviera suficientes problemas, el Ayuntamiento de Tonalá enfrenta uno más y de la mayor trascendencia: La inconformidad de gran parte de los casi 800 policías en activo por problemas, principalmente, de origen económico.
En la semana reciente, el conflicto interno hizo crisis.
El primer indicio fue la conferencia de prensa convocada por el “02”, subdirector operativo de la corporación municipal encargada de la seguridad de los tonaltecas para denunciar persecución en su contra y anomalías al interior de la dependencia.
La segunda y más grave manifestación fue la protesta efectuada por elementos policíacos el Miércoles 30 de Julio de 2008 frente al Palacio Municipal. Con pancartas, gritos, empujones y amenazas por parte de los inconformes y de la autoridad municipal, transcurrió durante toda la mañana y hasta el mediodía la protesta pública.
El motivo principal es la situación económica de los policías. Sus demandas tienen varios aspectos, entre los que destacan los descuentos que sufre su salario de por sí bajo, a juicio de los inconformes.
Señalan que no reciben su sueldo completo porque se les descuenta la cuota para Pensiones, pero da la casualidad de que cuando piden los servicios a los que tienen derecho, de acuerdo con el monto de su aportación, les niegan prestaciones porque el Ayuntamiento de Tonalá no entera la retención.
Otra queja es la disparidad de ingresos entre los policías de Tonalá y los del resto de la Zona Metropolitana.
La falta de uniformes es demanda no satisfecha.
La capacitación brilla por su ausencia, según los quejosos.
Denuncian que son víctimas de sistemático hostigamiento porque denuncian las anomalías y porque no se quedan callados frente a los abusos de sus superiores, sobre todo cuando no pertenecen al grupo del Director.
Hay inconformidad con el Director Aldo Monjardín por el trato despectivo y discriminatorio que da a sus subalternos. El hecho de que se refiera a los policías de Tonalá como ineptos, rancheros o de clase inferior a sus compañeros metropolitanos provoca reacción negativa entre la tropa, porque demuestra su falta de tacto, de identificación con sus subordinados y de respeto por su cargo de director de la corporación. Si considera degradante estar al frente de la Dirección de Seguridad Pública de Tonalá, ¿para qué aceptó el cargo?
Los manifestantes piden una investigación objetiva y pública para saber cuántas plazas están cubiertas, cuántas vacantes hay, el número exacto de personal que cobra salario, el monto de los descuentos y su concepto, principalmente el de Pensiones.
Hay denuncias de personal que cobra o por el que se paga salario, pero no existe o fue dado de baja desde hace tiempo.
Es importante aclarar el caso, porque en una corporación con más de mil plazas presupuestadas, en activo no llegan a 800 los elementos. ¿Qué se hace con el presupuesto no ejercido? ¿A cuando asciende?
En el caso concreto del enfrentamiento entre el Director y el Subdirector operativo, es evidente que ocasiona división entre la tropa.
Si hay elementos legales para dar de baja al Subdirector, el Ayuntamiento de Tonalá tiene atribuciones e instrumentos para hacerlo.
Si, por el contrario, no hay bases para proceder en contra del funcionario, es imperativo poner en paz al Director y al Subdirector porque su enemistad repercute en perjuicio de la sociedad y de la disciplina que por la naturaleza de la Dirección de Seguridad Pública debe quedar demostrada interna y externamente.
En todas las dependencias del Ayuntamiento es indispensable la disciplina, pero en la Dirección de Seguridad Pública con mucha mayor razón por su naturaleza misma.
Es más, por ley, el Presidente Municipal es el jefe de la policía, y si no es capaz de controlar a sus funcionarios más importantes, menos podrá hacerlo en el caso de sus setecientos y pico de elementos restantes.
La sociedad no puede estar a merced de los delincuentes, mientras las cabezas de la Dirección de Seguridad Pública se andan peleando y, de pilón, en público, lo que demuestra la descomposición de tan importante dependencia municipal.
La demostración más clara de que las cosas andan de cabeza es el hecho de que el día de la manifestación, los inconformes se apoderaron de las puertas del Palacio Municipal, sin que poder alguno lo impidiera. Durante largas horas no dejaron entrar ni salir a una sola persona. La policía antimotines estatal y el resto de policías municipales tonaltecas se mantuvieron a la expectativa, unos en las inmediaciones del templo parroquial, por la calle Obregón, y otros en la unidad administrativa de la calle Morelos.
El control de los manifestantes llegó al grado de que no dejaron entrar al Palacio Municipal al director de Seguridad Pública, Aldo Monjardín, quien optó por retirarse. Su jefe de escoltas forcejeó con los inconformes y lo mantuvieron por la fuerza separado de su patrón.
El presidente municipal, Agustín Ordóñez, no dio la cara y cuando su secretario particular Álvaro Alatorre bajó de su oficina para tratar atender a los manifestantes, de plano le dijeron que con él no era el negocio, sino con su jefe el alcalde.
El director de Cultura trató infructuosamente de ingresar al edificio tomado y sufrió empujones cuando enfrentó a los policías.
Otro funcionario que se apareció por ahí fue el tesorero municipal, pero al ser reconocido comenzaron los gritos de “que nos pague”, “que nos pague”, por lo que el funcionario puso tierra de por medio y se retiró.
A la hora de la hora nadie atendió a los policías y éstos decidieron abandonar el edificio, cuando aparecieron unidades de la Procuraduría General de Justicia del Estado y fueron advertidos que serían denunciados por secuestro o privación ilegal de la libertad de los ocupantes del Palacio Municipal. Los quejosos abandonaron el campo, no sin antes anunciar que volverán a la carga.
Esto mismo sucedió con ciudadanos que buscaban ingresar a la presidencia.
En resumen, los hechos y nada más que los hechos demuestran que andan mal las cosas en la Dirección de Seguridad Pública Municipal, para satisfacción de los delincuentes y para preocupación de la sociedad.

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