La naturaleza se compone de seres rápidos y lentos y, cada uno, debe caminar a su propio paso.
En una sociedad moderna la pregunta es ¿Cuál es el ritmo al que deben caminar los gobiernos? ¿Quién o quiénes marcan el paso?
Cuando la sociedad en su conjunto manifiesta su insatisfacción es una señal inequívoca de no estar de acuerdo con los hechos y al ritmo de vida que se les impone.
Es decir, denuncian y descubren un error el cual se solicita urgentemente por corregir. De lo contrario el grupo demandante entrará en un proceso de tensión social, con los riesgos que ello implica, y que conocemos como la rebelión de las masas.
En una sociedad gobernada y acostumbrada a no escuchar, este tipo de manifestaciones sociales se encuentra en alto riesgo de ser rechazada y repudiada por las personas de carne y hueso que componen esta comunidad.
Al México del siglo XXI le sucede lo arriba señalado y, con un ejemplo claro, más de alguno de nosotros lo hemos visto: que por donde los pobres pasamos, nuestros gobiernos no se ocupan en plantar una triste flor, que alegre nuestros corazones. Y, por donde los ricos pasan, hasta donde la vista les alcance, colocan plantas y macetones.
Con esto queremos decir, sin equivocación alguna, que conocemos que el gobierno actual se encuentra secuestrado por los más ricos y poderosos de las familias mexicanas, cuyos intereses no son ciertamente los problemas del pueblo.
Hoy la sociedad en su conjunto, sufre la carestía de oportunidades de prosperidad; en el trabajo, la escuela, la salud, la seguridad personal.
Los tiempos no están ya más para tolerar estas actitudes de todo poderosos, por lo que como ciudadanos libres debemos considerar elegir la participación en política como el arma que liquide a los farsantes que se dicen representar los intereses del pueblo.
Las comunidades que aspiran a construir sistemas, de darle a cada quien según su necesidad, y a cada quien según su capacidad, sólo se garantizan, si y sólo si los representantes del pueblo pertenecen al mismo pueblo.
Este experimento de libertad que en su conjunto el pueblo mexicano está comprometido a llevar a cabo de manera inmediata contiene el ejercicio democrático de no creerse el cuento de la lucha de clases, por la creencia inédita de la unidad del pueblo en un pacto nacional, por ser todas personas libres.
Bastará tan sólo, de forma contundente manifestarlo en las próximas elecciones, en todos sus niveles, desde el nacional al municipal, proponiendo liderazgos emanados ciertamente del pueblo y para el pueblo. De lo contrario la rebelión de las masas será un proceso inevitable que desbordará el odio anegado de un pueblo que no está dispuesto a tolerar más.
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