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Domingo, 05 de septiembre de 2010
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Los héroes olímpicos originales

Las más pintorescas leyendas han corrido por el mundo acerca de cómo nacieron los juegos Olímpicos.
Principalmente a partir de cuando los alemanes encontraron las ruinas de Olimpia, la euforia hizo que comenzaran investigaciones a fondo para saber cuando y cómo comenzaron los juegos Olímpicos.
Es indudable que en la antigüedad, las competencias que se efectuaban cada cuatro años en las llanuras de Olimpia contenían un sentido nacionalista y religioso.
Cuenta una leyenda que Hércules, el forzudo Dios del olimpo griego es el Papá de dichos Juegos Olímpicos.
Cuéntese que Hércules había hecho tantas maldades, que un buen día se arrepintió y quiso ser conocido por una acción bondadosa.
Augias, Rey de Elida, poseía un establo con 3 mil bueyes que no habían sido aseados en 30 años y Hércules, en un acto de profunda humildad, se ofreció a bañarlos y limpiarlos en un solo día, pero como el Rey pusiera en duda su capacidad, Hércules apostó a que si lo hacía obtendría el 10% de la hacienda real.
El Rey Augias aceptó y Hércules lo venció con un sencillo truco: desvió el río Alfeo que pasa cerca de Olimpia y así bañó y limpió a esa manada en menos de un día.
El Rey se enojó y se negó a pagar la cuenta porque dijo que Hércules había hecho trampa. El díos en venganza mató al rey y se apoderó de sus bienes, pero inmediatamente después para descargar su conciencia de tan horrendo crimen y para conmemorar su hazaña, decidió establecer los juegos olímpicos.
Cuenta la leyenda que esto sucedió allá por el año 1255 A.C. pero si es cierto o no, cuando menos es pintoresco.
Como pintoresco es mucho de lo que ha pasado ahora con motivo de los Juegos Olímpicos de Beijing, China, que están en puerta.

Hércules
Hay quienes dicen que fue Hércules, pero hay historiadores que atribuyen la fundación de los juegos olímpicos a un apuesto joven griego llamado Pélops.
Hipodamia era una bellísima hija del Rey Enomáus, de Elida, prometida a quien fuera capaz de raptarla en un carro tirado por caballos.
La tarea fácil y atractiva en apariencia, tenía un aspecto trágico, porque el rey se lanzaba en persecución del pretendiente, en cuanto salía el carro en su loca carrera y si alcanzaba a los fugitivos, mataba al raptor.
El rey tenía carruajes ligeros y caballos veloces y además era un excelente tirador de jabalina.
Cuenta la leyenda que así mató a 13 pretendientes, de ahí justamente el nacimiento de la superstición que todavía perdura y que atribuye mala suerte al número 13.
Pero el joven Pélops estudió el caso y se presentó como pretendiente. Hecho el trato, el raptor salió en su carruaje con la bella Hipodamia. Poca ventaja llevaba cuando el rey salió disparado en su persecución. Millares de espectadores miraban ansiosos y esperaban el momento de la tragedia.
El carro del rey se acercaba al del joven pretendiente. El conductor del carruaje real impulsaba a los caballos y el rey comenzó a levantar el brazo y a tomar impulso para lanzar la jabalina contra Pélops, pero sucedió algo insólito.
En esos precisos momentos, el eje del carro real dio tremendo tumbo y el rey y su conductor salieron disparados por los aires, mientras el raptor huía con la bella princesa.
Sólo es justo decirlo; el inteligente raptor había sobornado al auriga del rey para que hiciera precisamente lo que sucedió.
Pélops, en recuerdo de su hazaña, fundó los juegos olímpicos, cuenta la leyenda griega.

Fiesta cuatrienal
La celebración de los juegos olímpicos cada cuatro años, sirvió como base para que Grecia estableciera el sistema cronológico llamado “olimpiada”.
La olimpiada era o sigue siendo mejor dicho, el lapso de cuatro años entre unos juegos y otros.
Este sistema de contar el tiempo, duró ininterrumpidamente 1170 años, desde el inicio de los juegos hasta el año 394, cuando el emperador romano Teodosio los suprimió.
Durante 12 siglos, los juegos olímpicos congregaron millares de aficionados de toda Grecia para aclamar a los ganadores, quienes eran considerados como Semidioses.
Tal como ha podido ser reconstruida, Olimpia está al pie del monte Krónion y cerca pasa el río Alfeo, hoy conocido como Orfea.
Una llanura de un kilómetro de anchura servía de asiento a Olimpia y a su lado había templos, monumentos, el estadio y el hipódromo.
El bosque llamado Altis, realzaba el conjunto y entre todos los templos resaltaba el de Zeus, deidad griega equivalente al Júpiter de los romanos.
La estatua del padre de los dioses fue esculpida por el artista Fidias y tenía 18 metros de altura de oro puro y marfil.
Se calcula que esta obra de arte fue hecha por el año 432 A. C. y era tan perfecta que fue considerada como una de las 7 maravillas del mundo antiguo.
Hacia el año 476 de nuestra era, la estatua fue trasladada a Constantinopla, en donde un incendio la destruyó.
Para dar una idea de la grandiosidad del templo de Zeus, basta señalar que el templo era sostenido por 54 enormes columnas, cuyo diámetro era de 1 metro 83 centímetros.
De todo esto, hoy solo quedan unas cuantas ruinas.
En este 2008, el escenario de los juegos olímpicos será diferente en Beijing, China.

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