la conquistas la vas a tener”
El problema vigente aún no solucionado en la actividad política es la influencia determinante de la economía sobre el poder político. Esto por un lado.
Y, por otra parte, una auténtica fe milagrosa en las virtudes del poder político.
Por lo que en el oficio de la práctica política, por parte de los representantes populares, y al no poseer riqueza material acumulada, al pueblo y a la comunidad sólo le queda defender el carácter imprescindible de la ética, cual reto actual de nuestro tiempo para accesar a las posiciones de poder.
Es decir, qué son y deberán ser nuestros ideales éticos-morales como pueblo, los que nos indiquen cómo hemos de construir nuestra sociedad futura; bajo este cielo y en esta tierra, la honestidad de los candidatos, su honradez, lealtad y fidelidad al lugar donde pertenecen, y sobre todo amor de servicio al prójimo.
El análisis económico nos indica o señala cómo están las cosas, mas nunca cómo podrían ser.
La riqueza acumulada es un hecho objetivo, que existe sólo en algunas cuantas personas y, precisamente ellas no pertenecen al pueblo o a la comunidad. Además, la historia del siglo XXI nos demuestra que la riqueza acumulada en unas pocas familias se debe a la complicidad de los gobiernos modernos y contemporáneos, al proteger a éstas familias en favor de la posesión y la existencia de monopolios. Es decir, que de algún modo o de otro, el capital acumulado, representa en este caso y ante el mundo real político de los hombres de carne y hueso un robo, un engaño. Digo lo anterior con base en el ideal moral de igualdad entre los hombres y mujeres; sin distinción alguna de credo o de raza.
Así, y en contraparte, se deberá ofertar la alternativa de una elección popular que base su fuerza en la legalidad sobre una moral que resulte ser una potencia capaz de desempeñar una función creadora para el pueblo o comunidad; que no tiene acceso a la acumulación de la riqueza.
A los representantes del pueblo, en su conjunto, sólo les queda la ruta de la esperanza y la fe, en el arte de la política y su participación responsable en ella. Que les permita sacudirse la miseria que actualmente padecemos la mayoría de las naciones emergentes a una vida democrática.
La participación política de los representantes del pueblo en las contiendas electorales resultan ser de este modo un acto de protesta en contra de la miseria en que se vive. Es el anhelo de la criatura oprimida por el Estado. Los candidatos del pueblo son el alma de un mundo sin corazón y sin justicia social.
Un nuevo cielo y una nueva tierra reclaman la participación del pueblo en la actividad política de nuestro tiempo. Y hacer de esta práctica un templo político que resuelva de entre todos nosotros los problemas y necesidades más urgentes. Es el reto que debemos proponernos si es que en realidad queremos vivir en un mundo mejor, presente y futuro.
Llevar al poder a carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos; será lo único que garantice la profecía del Apocalipsis de que en verdad y, en este mundo “He aquí que hago nuevas, todas las cosas”.
Con el trabajo de los hombres y la riqueza que ciertamente se encuentra entre nuestras manos, unidos, podremos construir sin lugar a dudas: una nueva tierra, bajo un cielo nuevo.
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