Los tiempos cambian. En Tonalá allá en las primeras décadas del siglo XX, no faltaban las diversiones como el circo y los títeres. Aparte de las comedias –teatro- que las gentes de nuestra Villa preparaban para atraer a la gente a distraerse pasando alrededor de 2 horas de sano esparcimiento. Y vaya que si uno disfrutaba de los muñecos o títeres.
Este era un arte primoroso, con monitos de hilacho o telas y vaya que divertían a chicos y grandes.
Había casas que se facilitaban para la exhibición de estas marionetas. Una de ellas era la de María Garay, otra era la de Carmen Eugenio y una más en la de don Trinidad Arana, sobre todo en los patios que eran amplios y donde acudían familias completas.
Junto a los títeres, se elaboraban casitas o chozas donde brincaban, bailaban, se contoneaban haciéndonos creer cuando éramos niños que esos monitos tenían vida, sin ver que estos eran manejados por personas que tras un lienzo de manta, los movían a través de hilos muy delgados.
El mismo manejador de los muñecos fingía la voz para que pareciera que hablaban los títeres, algo mágico en verdad, una diversión sana y de buen gusto.
Ah que tiempos aquellos. Con cuanto gusto se divertían nuestros antepasados tonaltecas. Esos eran los títeres, una diversión que hoy está casi olvidada.
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