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Miércoles, 08 de febrero de 2012
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Jesús García Ayala, obispo centenario y decano
de los prelados mexicanos

A escasos siete kilómetros de Cherán, entre pinos, bruma y penetrante verdor, se asienta Aranza, pueblecito michoacano donde vive un personaje singular: El obispo emérito de Campeche, Jesús García Ayala.
Si la Providencia no dispone otra cosa, el 30 de Mayo de 2010, el clérigo cumplirá cien años de vida; de fructífera vida.
El paso del tiempo, que al común de los mortales vence mucho antes del siglo, en el obispo García Ayala sólo ha dejado su pesada carga de años en la espalda del anciano, pero su mente ha salido airosa.
Es tan consciente de su realidad física, que, con sentido del humor y sin aspavientos, la acepta y la va llevando con ejemplar adaptación. Para mirar de frente a sus interlocutores, se acomoda en su silla inclinada hacia atrás, una forma práctica de vencer la curva de su espalda.
Con naturalidad, hace a un lado sus achaques de anciano para contar detalles de una existencia plena, acorde con el destino que Dios le fijó.

 

Cuando el siglo XX era niño

Allá, a principios del siglo 20, cuando dice la gente que amarraban a los perros con longaniza y no se la comían, el pequeño Jesús, recuerda, que tenía sus vivencias infantiles divididas entre Jalisco y Michoacán. Nació, según su fe de bautismo, el 7 de Junio de 1910, pero su hermana mayor le aclaró que nació el 30 de Mayo, fiesta de San Fernando. La diferencia de fechas es entendible, dado que en aquel entonces no había registro civil en su lugar de origen y la única y valedera constancia era su acta de bautismo.
Su padre, Luís García, nació en el rancho La Concepción, municipio de Ayo el Chico, Jalisco, mientras que su madre, Matilde Ayala, en Yurécuaro, Michoacán.
“Nací en un ranchito que se llamaba El Guayabo, perteneciente al municipio de Ayo el Chico. Siendo muy niños, mi papá nos llevó a Yurécuaro, donde, por cierto, fui bautizado”.
Cuando trata de recordar a sus abuelos y demás parentela mayor, confiesa con sinceridad: “Yo nunca tuve interés por conocer mis ascendientes, por lo que, en realidad, no recuerdo el nombre de mis abuelos o parientes más allá de mis padres.
“Yo andaba en los trece años de edad cuando entré al Seminario, el primero de Enero de 1923. Yo iba a entrar al Seminario de Morelia, porque en ese tiempo, Yurécuaro y Tanuato pertenecían al Arzobispado de Morelia. Luego pasaron a la diócesis de Zamora cuando fue erigida la diócesis de Tacámbaro. Para la erección de Tacámbaro, Morelia dio pocas parroquias y Zamora dio todo lo que hoy es el obispado de Apatzingán. Tiempo después, Morelia, como una compensación a Zamora, dio Tanuato y Yurécuaro. Yo, como dije, me iba a ir a Morelia, porque un sacerdote vicario que estaba en Yurécuaro ya me había arreglado, pero en esos días, en Octubre de 1922, el padre fue trasladado a otra parroquia y llegó otro vicario que supo que yo me iba a ir al Seminario y me dijo que si me quería ir a Zamora y yo respondí que sí y me presentó con el señor Manuel Fulcheri, entonces obispo de la diócesis.
Catorce años después, el 9 de Mayo de 1937, fui ordenado sacerdote. Durante 26 años desempeñé mi ministerio en diversas parroquias de Michoacán.
El Papa Juan XXIII me nombró obispo y fui consagrado el 2 de Agosto de 1963. Este dos de Agosto cumplí 45 años de obispo.

 

Campeche, obispado ligado con Tonalá

El obispo García Ayala fue destinado a Campeche, diócesis gobernada brevemente por un clérigo que fuera párroco de Tonalá, Jaime de Anesagasti y Llamas.
La diócesis de Campeche fue erigida el año de 1895. El primer obispo fue de Zamora, el segundo de Morelia, el tercero de Zamora, el cuarto de Guadalajara, ex párroco de Tonalá; el quinto de Zamora, el sexto de Zamora, el séptimo de Zamora, el octavo de Puebla y yo fui el noveno, de Zamora. Siete zamoranos. ¿Por qué? Pues allá el Señor es el que hace todo, narra con gesto que indica no tener explicación.
Las vivencias que pasó en Campeche, en sus 18 años de obispo, fueron muchas y variadas, incluyendo el único viaje que hizo a Roma, para participar en el Concilio Ecuménico Vaticano II. Pero eso es harina de otro costal. En palabras espontáneas y simples, el decano de los obispos de México, Jesús García Ayala, contó a Tonalá de Hoy experiencias que en próxima ocasión será motivo de otro capítulo.

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