Desde hace varios meses, los días de tianguis de jueves y domingos en Tonalá son muy tristes debido a que vemos como cada vez vienen menos visitantes y compradores, lo que es hasta cierto punto normal y natural ante las circunstancias externas e internas que sufre nuestro municipio alfarero.
Me explico: el Gobierno del cambio, si ha hecho cambios pero para favorecer (se) y siguiendo los postulados neoliberales, apostar absolutamente a la cuestión monetaria; los ricos son cada vez más ricos, los pobres de igual forma; la clase media, está en extinción. Con ello en vez de que una familia busque satisfactores culturales, artísticos, busca obtener ingresos solo para sobrevivir, es decir, comprar solamente comida, lo demás, es lo de menos. Eso se refleja en Tonalá, en las ventas de objetos suntuarios. Ésta es una circunstancia externa. Ahora bien, internamente, cómo queremos que vengan los turistas si no pueden transitar “normalmente” en sus coches o cuando vienen en grupo en camiones foráneos, debido a lo pésimo de los pisos, a que sufren extorsiones de todo tipo (agentes de tránsito, los franeleros, y pedigüeños) a que día con día es imposible transitar por las banquetas y especialmente a que no hay información clara y suficiente. Cuando llegan a “La Casa de los Artesanos” que el gobierno actual sigue promoviendo en su anterior ubicación en Tonaltecas, los compradores ven un sitio deprimente, grafiteado, lleno de basura y además sede de malvivientes, ese es el lugar que le merecen al gobierno actual los productores artesanales.
De igual forma se enseñorea la contaminación de todo tipo: visual, auditiva, atmosférica (no hay un solo árbol bueno en todo Avenida Tonaltecas), los olores nauseabundos que despiden los cientos de camiones de la basura que transitan alegremente por estas semidestruidas ruas, el tráfico incontrolable y otras lindezas más son las que día a día están acabando con la vocación turística e histórica de Tonalá.
Mientras tanto, el novel e inoperante Presidente Municipal en funciones, Agustín Ordóñez sigue pensando donde pasará el fin, dejando para luego la aplicación de políticas públicas necesarias para satisfacer los reclamos de la población.
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