En los mediados del siglo XX, Tonalá lucía sus calles limpias en los cuatro cuarteles. Las banquetas siempre estaban barriditas, se podía ver como de entre las 6 y las 7 de la mañana las mujeres salían a arreglar el frente de sus casas: barriendo, regando las banquetas, cortando el sacate hasta la mitad de la calle que era lo que le correspondía a cada quien.
Las calles de Tonalá tenían un empedrado muy parejito, sin hoyos ni basura y aunque eran modestas pues la mayoría eran de terracería y unas cuentas empedradas y otras más con ladrillo de lama, lo cierto es que todo nuestro pueblo lucía limpio y olía a tierra mojada.
Cuando se acercaba alguna fiesta como la llegada de la Virgen de Zapopan o de San Juan o antes de las fiestas patrias, la gente adornaba sus casas con listones, papel picado, banderas tricolores y otros colguijes que eran el delirio de chicos y grandes.
Ah, que bonitos aquellos tiempos en que Tonalá resplandecía, y como decían algunos en esas épocas: “para que se den un quemón”.
Las gentes de antes presumían a su pueblo el cual de norte a sur y de oriente a poniente podía distinguirse de orilla a orilla y donde además todos se conocían.
Que diferencia hoy...pero mejor ni hablar; nos quedamos con aquellos recuerdos del Tonalá de hace más de 50 años.
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