Ya es tiempo ordinario. Ya pasó la Navidad, y la cuaresma empieza, este año, el 25 de Febrero, Miércoles de Ceniza.
Este tiempo es de caminar con Cristo en su vida pública y estar siempre atentos a las enseñanzas en sus acciones y en sus palabras.
Dios habló de muchas maneras en el pasado, mas al llegar la plenitud de los tiempos, habló por su Hijo. La gloria de Dios, su magnificencia, están en todo lo que existe; todo habla del autor de todas las maravillas que el hombre alcance a contemplar así en el cosmos como en las más pequeñas sorpresas con el auxilio del microscopio.
Los que se dicen ateos y pregonan que eso es liberarse de toda ley, como actualmente lo anuncian en Inglaterra con letreros en los autobuses, tarde o temprano se encontrarán con el ser que los sacó de la nada a la existencia y a la vida y les dio cuanto son y cuanto tienen.
Dios no habla, pero todo habla de Dios, o más bien, Dios habla no con palabras como las de los hombres, sino de mil maneras con los que lo quieren oír.
Dios quiere ser buscado, quiere ser encontrado, quiere ser amado. Por eso, toma la iniciativa al despertar inquietud, búsqueda, vacío, insatisfacción en los corazones.
¡Qué felices son
los creyentes!
El poeta Paul Claudel, quizá el mayor de los poetas franceses del siglo XX, pasaba la noche de Navidad frente a Notre Dame de París y oyó que cantaban los fieles el Magnificat.
Con ese canto le habló Dios. ¡Qué felices son los creyentes! ¿Y si fuera cierto? ¡Pues sí lo es! Dios existe y está ahí, es Alguien, un ser tan personal como yo: Me llama y me ama.
Siguieron luego cuatro años de lucha entre su incredulidad y la fuerza del llamado. “Fue la gran crisis de mi existencia”. Con su respuesta a la voz de Dios se acabó su sed.
Muchos han relatado su encuentro con Dios y muchos más han guardado en lo íntimo de su ser ese momento, esa gracia, cuando sus ojos se abrieron a la luz.
Es la lucha interior, es el encuentro de la verdad, es la respuesta a su más alta aspiración.
“El hombre, tenga ganas de ello o no, es un ser constitutivamente forzado a buscar una instancia superior”. Así escribió el filósofo español José Ortega y Gasset.
Es Dios quien late en esa aspiración, es la angustia del hombre ante sí mismo.
La vida y el progreso del hombre sólo pueden tener un sentido y es Dios.
El hombre llega a su plenitud sólo en Dios.
“Tú lo sabes, Señor,
Nunca quieres echar en olvido
Que todo el drama de mi vida ha sido
La lucha del amor contra el amor”.
Dios ha hecho al hombre para que éste lo encuentre. Todo el cosmos habla de su presencia. “Si escalo al cielo, allí estás tú; si bajo hasta el abismo, allí te encuentro”. Así dice el salmista.
Dios está revelado en las Escrituras para que lo encuentren los que lo buscan. La palabra de Dios es la suprema expresión.
Dios habla también por la Iglesia jerárquica. Cuando el Papa habla en materia de fe y de doctrinas morales y disciplinares y cuando los obispos instruyen como pastores del pueblo de Dios a sus ovejas, se cumplen las palabras de Cristo: “El que a vosotros escucha a mí me escucha y el que a vosotros rechaza a mí me rechaza”. Lucas 10,16.
Habla también en particular a cada uno. Su voz se escucha por medio de los acontecimientos del mundo, a veces gratos, a veces dolorosos.
Judío de raza, fugitivo de los nazis, cruzó toda Francia entre mil angustias, el matrimonio alemán austríaco formado por un escritor y una compositora musical.
Las circunstancias los obligaron a refugiarse en Lourdes, durante unas semanas, disimulando su identidad con nombres supuestos. En esos días, la gracia tocó el corazón del escritor. Fue testigo de la fe de las multitudes. Asistió a ceremonias religiosas para él, hasta ese día, nuevas. Por fin, pudieron los esposos cruzar los Pirineos, cruzar la península ibérica y embarcarse en Lisboa, en un barco de guerra –era la Segunda Guerra Mundial- y llegaron a Nueva York y de allí viajaron a Los Ángeles.
Luego, el escritor escribió su gran libro “El cántico de Bernardette” sobre el milagro de Lourdes, que luego se hizo película.
El escribió: Si salgo con vida en este riesgo, me haré bautizar cristiano católico. Murió con el bautismo de deseo.
¿Dónde vives, Rabí?
Vengan a ver
Los discípulos de Juan el Bautista querían saber dónde vivía Jesús. “Vieron dónde vivía y se quedaron con él”.
¿Dónde vive Cristo? Donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio. Así lo prometió y así lo ha cumplido. Vino a quedarse entre los hombres, en su historia, a participar en su vida. Muy fácil es encontrarlo, saber dónde vive para quedarse con él.
Miles de caminos llevan a donde habita Cristo. Una puerta abierta en un templo en una populosa y ruidosa ciudad, allí, en el oasis del silencio, Cristo expuesto en el sacramento, allí escucha a los hombres, allí les habla.
Cristo vive en donde hay amor, donde hay paz. Vive entre los desamparados, los agobiados, los cargados de desdichas, los que imploran ayuda.
El evangelio de este domingo es una palabra dulce: Ven, sígueme, ven acá donde yo vivo. |