En su devenir histórico, los hombres y mujeres de Tonalá han contribuido de diversas formas al desarrollo y consolidación de esta tierra, que en anteriores épocas gloriosas se distinguió por ser uno de los pocos pueblos indígenas en contar con una gobernante, la Cihualpilli o Tuapilli como la nombra el Cura Jaime de Anesagasti en su libro “Tonalá de ayer y hoy”.
Cuenta la leyenda que esta soberana emprendía viajes a diversos lugares como Tlajomulco, pasando por otros lugares como Toluquilla y sitios cercanos ricos en cuanto a sus manantiales.
De esa forma la Cihualpilli mantenía vigente su alianza con Coyotl, Tlatoani de la zona, garantizando su influencia y poderío.
Ese mundo indígena lo trataron de recrear diversos historiadores entre los que destacaron Fray Antonio Tello, Mariano de Torres, y desde luego Jaime de Anesagasti y Llamas quien arribó a Tonalá recién ordenado sacerdote cuando contaba con 23 años de edad.
El 21 de diciembre de 1891 fue nombrado Cura de Tonalá, contando con el apoyo absoluto de los pobladores tonaltecas de entonces; para entonces ya sabía de las necesidades de todo tipo de la gente del lugar, ya había fungido como auxiliar del entonces Cura Antonio Galindo y conocía bien el municipio de Tonalá.
Sin duda que Jaime de Anesagasti fue el benefactor de Tonalá, su preocupación lo llevó más allá de sus actividades pastorales. Fundó colegios para niños y niñas, ya que consideraba entonces más apropiado que estuvieran separados. El Asilo de ancianos, el primer Museo, el Tonalense, y su obra cumbre, El Santuario del Sagrado Corazón de Jesús fueron otros de los lugares que instauró para su querido pueblo de Tonalá.
|