Antes, cuando las cantinas no eran «centros de promoción de valores de cuerpo, aroma, textura y graduación», solían poner aquellos dueños apolíticos, simpáticas placas donde advertían: «Prohibida la entrada a mujeres, uniformados, boleros, billeteros, cantantes y gente de mal vivir».
Eso de prohibir la entrada a mujeres, fue prejuicio derrotado en la década de los setentas. Con el debido entusiasmo, las mujeres ingresaron a las cantinas.
Primero, para darse cuenta de que «nada tenían de malo»; y luego para entusiasmarse con la botana, el trago derecho, la plática sabrosa y la jugada en cubilete de cada ronda. Aparte, si había quien tocara y cantara las de amor no correspondido, ¿qué más pedirle a la vida al medio día?
Las mujeres lograron entrar a las cantinas. Éxito total, porque al saberlo, sus maridos les rebajaron «el chivo». Lógico... «tampoco te lo vas a ir a gastar con tus amigotas al “Comal y metate”». Por eso no entiendo qué salieron ganando las mujeres, porque las cantinas si. Diversificaron su mercado.
Pero eso es anécdota. Lo básico y preocupante es que la política en Jalisco también parece poner en sus puertas el letrero: «Prohibida la entrada a mujeres...».
Es increíble. Pero de entrada, ¿a qué mujer mencionan, los de PAN, PRI, PRD, PUM, PAZ, CUAZ, PUP o cualquier otro, como precandidata a una presidencia municipal? ¡A ninguna!
Ni quien las tome en cuenta. No existen. Son invisibles. En época de las transparencias, no se transparentan, simplemente no se ven. Aquí la política es «para los meros hombres».
Y eso lo sostienen hasta frente a Beatriz Elena Paredes; ya no digamos ante el presidente nacional del PAN que ni me acuerdo cómo se llama...
Mujeres, absténgase. Ninguna. Ni siquiera en Tonalá, donde vaya que los partidos necesitan postular a una ama de casa, con buena escoba para limpiar ese cochinero. Ni ahí.
«Prohibida la entrada a mujeres». Y conste que habían afirmado que los partidos políticos iban a tener la obligación de la equidad de géneros.
A lo mejor por eso, Jorge Salinas ya dijo que la mitad de regidores de su planilla, iban a ser regidoras. O sea, ya reconociendo su existencia, aunque «en su lugar», es decir, en segundo término.
Escriban a: gregorio.g.cabral@gmail.com
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