Un paisano se casó como se casan todos los lugareños de Tonalá de Hoy: enamorado hasta las cachas. El inicio de su matrimonio no fue diferente al de los demás aldeanos. El camarada susodicho pensaba que la monotonía en su morada, era la comida resultado seguro por la inexperiencia de su desposada.
Comer el guisado de fajitas tonaltecas sazonadas a la arcilla, -¡todos los días!- es algo que aburre sin misericordia hasta al más romántico y dedicado esposo “tecuexe”.
Ese exquisito platillo lo consumía frito, en tacos, en mole, con tostadas, hervido, a la ranchera, en tortas ahogadas, con hierbas, y sin que faltara el infaltable postre. Era tal la continuidad de las –“fajitas tonaltecas sazonadas a la arcilla”-, que ese gollete aunado al cansancio del trabajo, contrastaba con la evidente somnolencia diurna de su recién matrona.
Una sutil sospecha empezó a tomar forma en su cabeza, y al caer una tarde decidió tragar, ingerir y atizarse un té para la buena digestión, menjurje que le proporcionaba día a jornada su amante esposa.
Un día, decide dejar de engullirlo tirándolo en una maceta, así fue como descubrió que por las noches su encantadora desposada se levantaba a hurtadillas para salir de la morada; -¡su esposa era bruja nocturna!-. Cierta noche, decidió seguirla sigilosamente, fingió dormir profundamente al ingerir la poción mágica, la damisela se levantó cautelosa, se vistió y salió del “chante” (léase casa) para encontrarse con sus compinches hechiceros, se internaron a través del cerro de la Reina Cihualpilli ahí bromeaban pensándose solitarios.
Y ándale que el sorprendido y receloso esposo los perseguía escondiéndose. El sorprendido recién casado tonalteca vio cómo se transformaron todos en nahuales (animales).
Se quitaron las cabezas colocándolas en fila india doble y triple, enseguida se fueron velozmente a molestar gente humilde, dócil y así descubrió los ingredientes que utilizaba en el menú que cotidianamente servía en su mesa, las –“fajitas tonaltecas sazonadas a la arcilla”-, el engañado cónyuge aprovechó para intercambiar la cabeza de su esposa por la de un personaje barbado y horripilante, después de su travesura se fue a dormir la mona. Antes del amanecer, estando todavía obscuro, regresaron los hechiceros, se pusieron sus cabezas a tientas, con mucha prisa, se fueron corriendo somnolientos.
Por la mañana, el esposo la despertó con un espejo en la mano, le pidió verse, cuando la bruja-esposa lo hizo, miró en su propia cara la de su compañero hechicero de correrías y sintió vergüenza. Trató de hablar con su marido, y se escuchó el resonar de una voz grave como de un varón macho, forzudo y fortachón que trata de dar explicaciones con artilugios femeninos, fue tal la conmoción de la desposada que murió repentinamente. Ahora el viudo espera casarse con otra dama, hay veces que extraña las –“fajitas tonaltecas sazonadas a la arcilla”-, nadie como su difunta para prepararlas. Y como dijo San Juana Good Bye My Life.
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