Sin tomar en cuenta a la población, los 17 integrantes del pleno del Ayuntamiento de Tonalá, encabezado por el presidente municipal Agustín Ordóñez, pretende desaparecer la reserva histórica y el patrimonio cultural que significa el predio donde está la Piedra de la Campana.
En sesión del Ayuntamiento de Tonalá, los regidores aprobaron turnar a comisiones el retirar del sitio donde ha estado por siglos la histórica piedra para recluirla en el Museo Tonallan.
Al mismo tiempo, aprobaron estudiar la permuta del predio de una hectárea cien metros donde está la piedra por un terreno de diez y ocho hectáreas ubicado en las inmediaciones de la barranca del río Santiago.
La aprobación de quienes se supone son representantes de los habitantes del municipio de Tonalá tendría alcances mucho más trascendentales de los que aparenta.
Primero. Se pretende borrar la historia de muchas generaciones de tonaltecas que desde siglos antes de que llegaran los españoles, en 1530, veneraban la Piedra de la Campana y el sitio donde la Naturaleza la puso.
Segundo. La aprobación de retirar la Piedra de la Campana y trasladarla al Museo de Tonalá, ubicado en la calle Ramón Corona, sentaría un precedente peligroso, porque con ese criterio, un día van a querer los regidores quitar del Cerro de la Reina el monumento a la Cihualpilli, la capilla de la Virgen de Guadalupe y la Piedra Encantada, porque los dueños de predios quieren el terreno para otros fines ajenos a la historia de Tonalá.
Tercero. Esta iniciativa demuestra que fue premeditado el reciente atentado contra la Piedra de la Campana, consistente en haberla tirado de su sitio y despeñado loma abajo.
Qué casualidad que pocas semanas después del hecho, el regidor Carlos Marroquín presente la moción para cambiar la histórica piedra a una casa particular convertida en museo que, ni de lejos, llena los requisitos para albergar un patrimonio invaluable como es la Piedra de la Campana.
Llama la atención que se pretenda retirar una piedra que ha estado ahí por siglos, y se quiera permutar el terreno por otro, cuando ni siquiera el ayuntamiento ha sido capaz de aprovechar una hectárea cercana a la cabecera municipal. Qué pasaría con dieciocho hectáreas en un extremo del municipio.
Debe hacerse notar que a unos cuantos metros del predio municipal donde está la Piedra de la Campana se realiza la explotación de un banco de piedra en un predio propiedad de quien fuera dueño del predio ahora patrimonio municipal donde esta la roca.
Cuarto. No se necesita ni tres dedos de frente para entender que, a la vuelta de la esquina, seguramente se autorizará la apertura de un banco de explotación de piedra en el terreno que ocupa la Piedra de la Campana, desapareciendo, para siempre, siglos de historia de toda la población de Tonalá.
Quinto. El 30 de Junio de 2004, luego de negociaciones prolongadas con el propietario del predio Antonio Ordóñez, el pleno del Ayuntamiento de Tonalá, por mayoría, aprobó comprar una hectárea cien metros cuadrados, en el Cerro de la Campana, para convertirlo en “reserva como patrimonio histórico del municipio de Tonalá”.
En aquel entonces se justificó la compra del terreno con el argumento de que ahí se encontraban “La Piedra Sonora” y “El Caracol” y se consideraba el sitio como de “un amplio contenido histórico y cultural por los habitantes del municipio de Tonalá, ya que desde la época de La Conquista era un lugar de visita obligada de la Reina Cihualpilli, por su significado espiritual; su composición permite generar sonidos semejantes a los de una campana, por lo que, bajo esta circunstancia, la piedra se convertía en consejera de la Monarca Tonalteca”.
Sexto. A poco más de cuatro años de cuando el Ayuntamiento de Tonalá ponderaba tanto la importancia del lugar y de la Piedra de la Campana, la misma institución municipal quiere permutar el terreno y retirar de su sitio el invaluable patrimonio histórico y cultural, en lugar de investigar quién tiró y dañó la piedra y por iniciativa u órdenes de quién o de quiénes.
Salta a la vista que el “accidente” fue intencionado para preparar la permuta del predio, el traslado de la piedra y la futura apertura de un banco de explotación de piedra.
Séptimo. Cabe preguntar: ¿Por qué no cumplir el acuerdo de 2004 y convertir la superficie comprada en un parque público de interés histórico y cultural?
La operación de compraventa del terreno incluye un camino de acceso de diez metros de ancho, precisamente para que el público en general pueda visitar la Piedra de la Campana, como lo han hecho los tonaltecas por generaciones. ¿No sería más apropiado para los intereses públicos declarar zona de reserva todo el cerro de La Campana, para que la comunidad rescatara, conservara y aprovechara un sitio de tanta tradición? ¿No sería mejor para la comunidad que los dueños de los predios del Cerro de la Campana hicieran obras adecuadas para su conservación y uso público, obteniendo así beneficios económicos permanentes y ayudando a conservar y promover la historia de Tonalá, en lugar de conseguir ganancias una sola vez con la explotación de bancos de piedra? ¿Se ha medido el impacto ambiental que provocan los socavones que dejan los bancos de piedra explotados y sin ningún provecho posterior?
Si Tonalá tiene ya tan escasos lugares patrimoniales, resulta injustificable que el Ayuntamiento apruebe desaparecer uno de los más significativos.
Octavo. Se impone una consulta pública para ver si la comunidad aprueba la decisión. El patrimonio de todos no puede estar en manos de unos cuantos.
El caso reclama una actitud clara, pública y responsable del presidente Agustín Ordóñez y de los regidores del PAN, el PRI y el PRD, porque su aprobación se presta conjeturas, ciertamente, nada favorables al comportamiento de las autoridades municipales.
arana1@prodigy.net.mx
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