Como cambian los tiempos. Hace todavía unos 50 años los campos alrededor de Tonalá tenían una temporada de enero a mayo, en que se veían los terrenos de siembra con muy pocas hierbas. Lo único verde que se contemplaba eran los nopales, y árboles como los guamúchiles y mezquites que daban sus frutos entre junio y septiembre. En otras temporadas del año se sembraban maíz, cacahuates, y otras legumbres más. Con las lluvias florecían los campos, todo se llenaba de verde. Era un gusto ver desde arriba del cerro de la reina como una alfombra los campos tonaltecas. Ahora, lo único que vemos en esas panorámicas son casas, lugares llenos de casas.
Ya no se escucha el canto de los arroyos de agua, las mujeres ya no salen al campo a lavar su ropa como lo hacían antes; ahora ya tienen su lavadora eléctrica. Antes se aprovechaban esos momentos para convivir, para sacar a la chiquillada a bañarlos, a que corrieran, a que se conocieran. Hoy ya no sabemos quien vive al lado nuestro. ¡Ah que tiempos aquellos¡
Hoy ya no aspiramos los aromas de las flores, los cantos de los pájaros ni vemos crecer las plantas y otros frutos. Ahora, el ambiente se llena del ruido de los motores de motos, carros y camiones llenos de pasajeros. No cabe duda que los tiempos cambian notablemente.
|