A partir de esta edición, comenzaré a escribir parte de mi obra literaria a través del periódico Tonalá de Hoy donde presentaré canciones, cuentos, fábulas, y otro tipo de expresiones escritas que espero sean del agrado de los lectores de este semanario. Así, 150 años de historia regional son narrados a través de cuentos y otras expresiones.
El primer cuento es referido al rancho de Achiméc en Zacatecas. Los habitantes de este lugar, de donde por cierto soy originario, son personas muy conservadoras en sus costumbres, un tanto hurañas; si ven por ejemplo que por una vereda viene una persona, se salen del camino y hacen cualquier cosa, una vez que ha pasado, retornan al sendero.
Lo curioso es que Achiméc está dividido en 2: en la parte de arriba, la gente es blanca y en la de abajo está la gente más indígena, algunos descendientes de los huicholes y otras tribus lugareñas.
El primero, o el de arriba como le decimos los lugareños, está en la confluencia de 2 ríos o arroyos de tiempos de agua. Ha habido ocasiones en que tras una reinante calma, de repente llega la crecida del río la cual arrastra de todo, por lo que es un problema para las personas que lavan la ropa por ejemplo o para las personas, niños especialmente, que se encuentra en la calle.
En una ocasión, que la temporada de aguas fue muy abundante, la creciente del río se llevó los burros, panales de abejas e incluso a algunas personas, esto fue, a mediados del siglo XIX lo que fue considerado como una gran tragedia la cual todavía es recordada.
La gente de Achiméc tenía trabajo en la Hacienda de San Pascual como vaqueros, agricultores, desgranadores de maíz, como peones y otros más. Hoy la situación ha cambiado un poco pues la mayoría de los pobladores viven entre Achiméc y los Estados Unidos.
Debido a lo accidentado del terreno y a su difícil posición geográfica, en cada temporada de lluvias, había peligro de inundaciones.