Recordemos a Tonalá en la década de 1940, cuando era una villa muy chica en todo sentido; las calles empedradas en aquel añorado pueblo pacífico, donde prácticamente no había escándalos; la gente era muy servicial, se ayudaban unos a otros. Uno podía dormir con las puertas de la calle abiertas y nadie molestaba. El pueblo siempre estaba limpio. Teníamos un tianguis totalmente diferente a lo que es hoy, pues aparte de que ocupaba unas pocas calles del centro, sólo se vendía alfarería y un poco de comida, todo en un marco de respeto.
Quienes venían de fuera, es decir de El Rosario, Zalatitán, San Gaspar, San Martín, Tateposco y Santa Cruz de las Huertas, tenían sus lugares reservados y siempre hubo una sana convivencia con los de Tonalá.
Había eso sí, un lugar reservado para la gente que venía de Guadalajara, quienes casi siempre traían ropa, telas, juguetes y otros enseres. A ellos se les designaba un pedazo de banqueta en la plaza.
Los carniceros, el de las nieves, los que vendían comida como pozole, enchiladas, tacos, tostadas, eran personas, vecinos de Tonalá, gente muy conocida. Ahora, muchos de quienes venden en el tianguis de jueves y domingos no los conocemos, ellos vienen de muchos lugares algunos cercanos y otros lejanos.
El Tonalá de mis recuerdos nos deja eso precisamente y es para que imagine como era nuestro pueblo en aquellos tiempos…tiempos que no volverán.
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