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Sábado, 19 de mayo de 2012
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Buzón del lector

Director de Tonalá de Hoy
Presente

Estimado Marcos, quiero compartir con los lectores de Tonalá de Hoy una experiencia que pasé recientemente en un viaje que hice a los Estados Unidos, por la frontera de Reynosa.
Sucede que después de estar haciendo fila, por un poco más de dos horas, después de manejar otras 2 desde Monterrey, llegué  harto del camino.
Cuando por fin, pasé mi sorpresa fue grande cuando el oficial de Migración, sin mirarme, sólo el pasaporte, me preguntó: ¿De dónde viene? Yo le contesté: De Guadalajara.
¿A dónde va?
Yo en términos coloquiales le contesté: “Aquí nomás a MacAllen”. Como si lo hubiera insultado, me miró y dijo: “Aquí no es MacAllen”, a lo que yo, respondí, tocándome la sien: “Es cierto, qué observación tan picuda”.
Como si en verdad lo hubiera agredido se acercó a mi vehículo y de mala forma y alzando más la voz, me cuestionó: ¿Y a qué va?. Voy a Tony’s Roma, a comer, al Mall a comprar ropa y algunas películas y si me resta algo, lo depositaré en el banco.
Oh, error, craso error, ante una persona tan difícil, que creo buscaba la manera de hacerme sentir incómodo y demostrar que es superior, por su uniforme, para mí, un perfecto prepotente.
“Muéstreme el dinero”. Se lo mostré, y me dijo: ¿Lleva más de 10,000 dólares? No, ojalá, pero no. Entonces se fue a la parte posterior de la camioneta y procuró abrirla, yo descendí del auto, para facilitarle la operación de revisar mis pertenencias. Nuevo problema: No le dije que se bajara; entonces, que me sale lo machín, y le dije: No, pero tampoco me dijo que me quedara.
Llevaba unas cajas con catálogos de muebles de baño para mi empresa y me dijo: ¿Qué contiene? Le expliqué, pero dijo: Esto no puede pasar” ¿Por qué? Montó en enfado, alzó la voz y dijo: Es un producto con valor comercial. Le expliqué que era para mi empresa, nada más, pero insistió en su afán de hacerme enojar.
Pregunté de nuevo: ¿Por qué? Respondió: Están en Inglés. Respondí: Sucede que en mi país, hablamos muchos idiomas, y usamos zapatos desde hace tiempo. Se enfureció y dijo: Conteste sólo lo que yo pregunte. Le dije: Sólo le aclaro.
Así las cosas, el guardia determinó que los catálogos no podían pasar. De acuerdo, aquí los dejo. -No puede dejarlo aquí, es basura. -¿Es basura o tiene valor comercial?
Furioso se encontraba conmigo. Dictaminó: Usted no pasa a mi país, se tiene que regresar.
Dije: Mire, ya me harté, claro que me regreso, nomás indíqueme el camino.
Muy molesto, llenó una hoja amarilla y me indicó con la mano que pasara con otros dos guardias. Les explicaba, mientras me miraban y yo meneaba la cabeza, como diciendo: Qué poca..., se acercó de nuevo y volvió casi gritando a preguntar: ¿Por qué abrió una cuenta en el banco?. Le dije: Por costumbre, a cada país que viajo abro una, no sabía que estaba prohibido, si quieren la cancelo.
Otro de los guardias me preguntó: ¿A qué se dedica?. Respondí: Me dedico a viajar, soy inversionista, arquitecto y abogado. Estuve a punto de estornudarle en la cara para pegarle la influenza mexicana.
Con actitudes tan arrogantes pensé: Y eso que estos oficiales son de origen mexicano y así tratan al turista de su propia raza…
Finalmente, los guardias me dejaron pasar con todo y los catálogos no sin antes sentenciar: No vuelva a traer esos papeles de nuevo, a lo que pude responder: La próxima me vengo en el avión.
Yo me refería a viajar en un vuelo comercial, pero un guardia se atrevió muy serio a preguntar, ¿Tiene avión? Yo simplemente comenté: ¿Está prohibido también? ¡Pensaron que tengo avión! Si supieran que ni los de juguete de mi niñez guardo…
Sonriendo les dije: Vayan a mi país, de vacaciones, los espero con los brazos abiertos, para que sepan lo que es amar a Dios en tierra de indios.
No me entendieron o no quisieron entender, pero sí se sonrieron, al final, un poco. 

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