Las obsesiones se acaban y la de Jorge Wilmot (1928) por la cerámica hace tiempo tuvo su fin. Durante más de 40 años, renovó su profesión al incorporar técnicas orientales y novedosos diseños de flora y fauna, y trascender la frontera entre artesano y artista.
"Fue quizás una ambición un poco desmedida que se diluyó", confiesa el regiomontano desde Tonalá, donde reside desde hace más de medio siglo.
A sus 81 años, recibe con gratitud y apatía la exposición retrospectiva que el Museo de Arte Popular (MAP) le organiza, mientras sobrevive "de milagro" en la casa que vendió hace seis años, pero todavía habita.
"Esta exposición es una sorpresa total para mí, no la esperaba ni estoy aquí temblando de emoción. Se hizo y qué bueno, aunque a veces uno no sabe ni porqué".
El Premio Nacional de Ciencias y Artes 1995 asegura que su penuria económica se asemeja a la que experimentó cuando llegó a Tonalá. Sólo cuenta con 58 pesos en el bolsillo.
"Si de aquí en adelante no ocurre una sorpresa económica, un cheque de esos misteriosos que regalen, quizás el asilo y ya".
Wilmot se dedicó en un inicio a la cerámica industrial en Monterrey. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Basilea, Suiza y a fines de la década de 1950 fundó un taller de cerámica artesanal en Tonalá, que llegó a contar con un centenar de personas, con un enfoque innovador.
Su meta era, señala, que la artesanía mexicana incorporara las tradiciones milenarias a la cerámica contemporánea, tal como lo hizo el inglés Bernard Leach al asimilar la estética y la técnica de los antiguos ceramistas de Oriente en la producción europea.
La lectura de El libro del Alfarero, de Leach, fue tan definitiva en la trayectoria de Wilmot como sus viajes a Asia. Piezas chinas, japonesas y coreanas ejercieron una influencia determinante en su obra, admite.
"Buscaba ciertas características de un esmalte que los chinos admiraban muchísimo, junyao. Tenía una fuerza y una belleza intrínseca. Lo conseguí con un costo y un esfuerzo tremendo, después de mucho tiempo y con la ayuda de mucha gente".
Artes y oficios en la obra de Jorge Wilmot, exposición con la que el MAP le rinde homenaje a partir del 15 de agosto, contará con 160 piezas de vidrio, hojalata, cerámica, alfarería, cerámica de alta temperatura y joyería, provenientes en gran parte de coleccionistas privados.
Wilmot dejó de producir hace aproximadamente tres lustros. Una fecha a la que él resta importancia y dice no recordar, aunque sí revela la razón por la que abandonó la cerámica: "Las obsesiones se acaban, y además el cuerpo se va deteriorando. Ya estoy más próximo del más allá. A los 81 años está uno en el área de lo desconocido y lo imprevisto".
El tiempo que todo lo destruye, añade, fue la causa de ese agotamiento.
"Nada se salva... quizá las pirámides, y están acabándose ahora", ríe.
El regiomontano lamenta que en México la cerámica no diera lugar a un fenómeno artístico como en Oriente y Europa, así como el no haber encontrado la forma de darle continuidad a su contribución, aunque pone en duda su aportación revolucionaria.
En 1998 el Ayuntamiento de Tonalá adquirió el taller-museo que Wilmot fundó en su casa, y lo transformó en el Museo Nacional de la Cerámica, con el que rechaza cualquier tipo de relación.
"Aquí en Tonalá, mi historia ha sido una serie de fracasos. Uno hace tantas tonterías, quizá (el museo) fue una de ellas, pero tenía otro propósito muy diferente del que tiene ahora. Es un lugar completamente descuidado".
La visión fatalista de Wilmot se alimenta de Cioran, uno de sus autores predilectos, el pensador del vacío y el desencanto al que recurre con frecuencia, pues la lectura ha sido el mejor recurso para afrontar su quebrantada salud a causa de la diabetes.
¿La simulación impera también entre los ceramistas?
No en especial, quizá quede cierta autenticidad. En México se perdió un trabajo maravilloso que se hacía. No se hizo una transición. Estamos llenos de cosas extrañas. Es un País que se me ha vuelto totalmente incomprensible.
Cuando llegué a Tonalá era un lugar polvoriento, con hambre y gente con un talento tremendo, y en todo México lo hay, pero está desa-provechado. Hace falta una buena dirección.
En busca del esmalte
Entre las piezas que se exhibirán en la exposición retrospectiva de Wilmot en el MAP se encuentran:
Vasija Corazón. Cerámica de alta temperatura. Colección Soto Soria.
Espejo con armadillos. Hojalata. Colección Ana Rosa Sapién.
Jarrón Santiago Matamoros. Cerámica bruñida con aplicación de oro. Colección Soto Soria.
Así lo dijo
"Ahora hay un deseo de ser alguien. Yo siempre fui, sin tener que estar adorándome".
"No he tenido discípulos. Ayudantes que me apoyaron mucho, sí, entre ellos un hombre que ni siquiera está dedicado a la cerámica, Fernando Carmona".
Jorge Wilmot
Ceramista
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